luns, 29 de decembro de 2014
mércores, 10 de decembro de 2014
Kiansumba, el hombre que saltó la valla... en patera
El Premio Alfonso Carlos Comín
premia el activismo de un inmigrante que huyó del Congo
Walter
Oppenheimer Barcelona 10 DIC
2014 - El País
Gustave Kiansumba tiene 42
años y vive en Bilbao, adonde llegó en 2009. El suyo fue un largo viaje que
empezó en 2001 en su país, la República Democrática del Congo, del que huyó de
la guerra y para poder seguir estudiando Agronomía. Entonces no sabía que, tras
casi una decena de intentos inútiles por saltar las vallas que separan Melilla
y Ceuta de Marruecos o llegar a nado hasta Melilla desde Nador, lo conseguiría
en 2009, cuando decidió probar suerte en una patera.
El premio Alfonso
Carlos Comin (1933-1980), que recuerda la figura singular de un
político que se definía como “cristiano en el partido y comunista en la
Iglesia”, ha recaido en Kiansumba como símbolo de la perseverancia de tantos
africanos que buscan un futuro mejor.
En 2001 se fue de un Congo
desestabilizado por la guerra. “Conseguí ir a Camerún y matricularme pero no
tenía medios económicos para estudiar y no tenía beca”, explica en un hotel de
Barcelona en vísperas de la entrega del premio, esta noche.
“Fui a buscar trabajo a
Nigeria y participar en el movimiento asociativo pero tenía el problema de la
lengua: domino bien el francés pero no puedo con el inglés”. Luego serían
Níger, Libia, Argelia, Mali.
“Al final llegué a Marruecos,
ya con la idea de ir a Europa. Atravesé la valla dos veces en Melilla pero la
Guardia Civil me deportó: abrieron la puerta de la valla y me dejaron en manos
de los marroquíes”, explica. En 2005 le deportaron al desierto.
Alcanzó Tarifa en patera. “Al
llegar, los que tenían dinero se fueron en autobús y, los que no, fuimos a un
restaurante para que avisaran a la Cruz Roja”. Acabó en el Centro de
Internamiento de Extranjeros “que es una cárcel”. Al mes le enviaron a un
centro de refugiados en Cádiz y de allí se fue a Bilbao porque quería ir a
Francia y tenía “un amigo de sufrimiento”.
El amigo estaba en realidad
trabajando en el campo en Lleida y él se quedó dos noches al raso hasta que un
hombre del que solo quiere decir que se llama Iñaki y tiene unos 50 años le
ayudó y le puso en contacto con la comisión de refugiados.
Ahora está a la espera de que
le concedan asilo político y se dedica a enseñar francés y a lo de siempre, el
activismo: “La fundación ha querido dar el premio a las víctimas de las vallas
de Melilla y de Ceuta. Sí, somos víctimas, pero yo no me siento orgulloso de
ser víctima: me siento orgulloso de ser activista, de luchar por los derechos humanos,
la dignidad de la persona, la libre circulación. Víctima es una persona
indefensa. Sí, me han deportado, me han pegado. Pero fui fuerte, tenía
paciencia, perseverancia, y tenía un sueño y lo he conseguido porque he
luchado, no solo por mi sino por todos. Y sigo luchando contra la injusticia,
contra el clasismo”, proclama.
¿Son racistas los españoles?
Gustave Kiansumba se resiste a generalizar. “Me gusta hablar directamente de la
gente, de mi vecino, de mis educadores sociales que me gustan mucho, o de mis
orientadoras que, hasta hoy, aún me quieren”.
Elogia a Alemania porque “sabe
gestionar la llegada de inmigrantes”. “Eso es lo que falta aquí. Aquí los
políticos hablan mal de los inmigrantes. Nos acusan de crear paro. Nos sacan
del sistema sanitario. Pero olvidan que podemos trabajar pero no nos queda
pensión: se queda en los bolsillos de los que nos acogieron. Esas personas que
nos quitan los derechos os quitan los vuestros poco a poco. De eso voy a hablar
en mi discurso”, adelanta.
“La inmigración hoy es una
consecuencia de lo que Europa ha creado en África”, denuncia. “No salimos
porque queremos pero se dice que si un chico español se va a Alemania es un
joven emprendedor y cuando nosotros salimos somos emigrantes”, se queja. “Pero
si viene una chica de Senegal o un chino y compran casa aquí, no son
inmigrantes. Solo se visibiliza a los pobres. Están jugando con nosotros como
con balones. En Ceuta y Melilla se visibiliza a los que no tienen dinero,
porque son pobres. A los que entran con dinero, a los que hacen negocio con los
españoles, no se les visibiliza”, se lamenta.
“Nunca he pensado que voy a
ser famoso pero siempre he pensado que tengo que ser útil. No soy una persona
política. Solo un activista que denuncia cosas injustas. Aunque sea en el
barrio”, concluye, orgulloso.
martes, 9 de decembro de 2014
Xavier Aldekoa: "España utiliza la cooperación como una herramienta económica y política en África"
Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia en África y periodista freelance, acaba de publicar 'Océano África'
"El ébola ha dejado en evidencia a España como país, y como sociedad hemos temido al ébola cuando nos ha rozado"
El océano. Una vasta
mancha azul, homogénea, sin imperfecciones. En cambio, si buceamos, la
panorámica cambia radicalmente. Encontraremos desde corales, navíos
hundidos o bancos de peces. Todo es diferente, salvo el entorno que
comparten. Esta metáfora la utilizó el reconocido periodista polaco
Ryszard Kapuściński para definir África. Y ese planteamiento,
sintetizado, ha servido al también periodista Xavier Aldekoa para
titular su libro. ‘Océano África’ –editado por Península Odisea- busca
derribar los tópicos sobre este continente.
África. Más de 60 países. En torno a 900 millones de habitantes, el 14%
de la población mundial. Cerca de 2.000 lenguas y otras tantas etnias.
Realidades que a ojos de los occidentales muchas veces se reducen
exclusivamente a las palabras: pobreza y guerras. Sin embargo, este
corresponsal de La Vanguardia en África quiere ir más allá, acentuar la
diversidad del continente. Sus armas: las historias anónimas de la gente
recogidas durante sus viajes por Malí, República Democrática del Congo,
Camerún, Angola, Sudáfrica, Botsuana, República Centroafricana, Togo,
Kenia, Somalia, Nigeria, Sudán, Mozambique y Yibuti. Países que en su
libro se transformen en capítulos, donde los protagonistas son las
carreteras de tierra, autobuses destartalados o las lágrimas de un
veterano de guerra en Sudán del Sur .
¿Cómo definirías África?
Me cuesta definirla. Son demasiadas cosas. Es un lugar donde vive tanta
gente. Ellos son realmente los protagonistas, a los que pongo atención
en mi libro.
En su libro se
afana por demostrar que África es muy diversa, intentando derribar esa
visión de que África más que un continente es un país uniforme.
Es muy diversa, incluso dentro de los propios países. Al final, los
países africanos no tienen ningún sentido. En la Conferencia de Berlín
de 1885 se dibujaron unas líneas para distribuirse cómo explotar los
territorios, no con una intención de mejorar nada. Por tanto, las líneas
fronterizas de los países no se rigen por algo determinado. Dentro de
los países ves una variedad brutal: de tradiciones, de culturas, de
etnias. De hecho el título del libro viene por eso, la sensación de que
el océano si lo miras desde arriba ves una mancha de agua brutal
inabarcable, que es toda igual; en cambio si te metes dentro hay gran
variedad. Lo mismo pasa con África, lo vemos desde arriba como un país,
pero cuanto empiezas a bucear es espectacular, es una cultura, variedad,
vida, no solo guerra y abuso, sino lo más positivo de la humanidad. Es
un continente súperhumano.
¿Cuál es el mayor problema que tiene ahora mismo África?
Creo que no hay solo uno. Son varios, pero probablemente no hay ninguno
que no se pueda solucionar sin educación. Cuanta más educación, más
capacidad tiene la gente de superar o no llegar a ellos. Si les damos
herramientas para que sigan adelante, tienen mucho terreno avanzado.
Desde Europa, ¿qué imagen cree que tenemos del continente africano?
Vemos África con un cierto desdén, siempre de arriba a abajo. Con una
cierta superficialidad, incluso vemos la imagen de la pobreza como una
pobreza pornográfica. Nos quedamos en la superficie, evitando
profundizar, conocernos más los unos a los otros.
¿Por qué?
Los medios de comunicación, creo, nos fijamos en lo que impacta e
influye, que no quiere decir que sea lo más importante. Cuando Obama o
Rajoy hablan es influyente pero puede que no sea importante. Sin
embargo, eso no ocurre con África: no es influyente que mueran 200
personas en Sudán del Sur, pero sí es importante. Se va a lo impactante,
relegando a África a un segundo lugar.
¿Le ocurre eso en primera persona?
Me ha pasado muchas veces. Depende de la situación puedes sentir más
pena, frustración o rabia. Recuerdo que estaba en Centroáfrica y vi una
situación complicada en la que había 3.000 personas escondidas en una
iglesia para que no les matasen. Intentas colocarlo en el periódico pero
es imposible. Y es que a lo mejor hay un partido de fútbol o que Obama
ha dicho algo que a lo mejor no es tan importante, o ha cometido un
gazapo.
Lo que cuenta queda muy bien reflejado en el caso del ébola. Parece que solo cuando nos afecta directamente miramos a África.
El ébola ha dejado en evidencia a España como país. Como sociedad hemos
temido al ébola cuando nos ha rozado. No es comparable los infectados
en España con la realidad en los países africanos. Eso nos deja en
evidencia, solo nos preocupamos cuando nos toca. Y una vez que el ébola
se ha ido del país, todo sigue igual, como si el virus no existiera.
Hemos cerrado los ojos, desaprovechando la oportunidad de corregir
errores. Tengo la sensación de que en un primer momento el error podía
ser comprensible, aunque no justificable, pero ahora ya sabemos que la
gente se muere, no porque no haya vacuna, sino porque no hay lejía,
cloro desinfectante o camas.
xoves, 4 de decembro de 2014
El Marruecos bereber en ocho claves
LONELY PLANET 4 DIC 2014 El País
![]() |
Música y danza tradicionales en Imilchil (Marruecos), durante el 'moussem' nupcial que se celebra durante tres días cada mes de septiembre. / DAVID BATHGATE |
Ruta por la historia de esta cultura milenaria entre
aldeas de barro colgadas en las laderas del Atlas y 'ksars' que han servido de
escenario en rodajes cinematográficos
Los romanos los llamaron bárbaros, pero a los
orgullosos pueblos bereberes les gusta ser conocidos como imazighen, que
significa hombres libres. Son una etnia milenaria, reliquia del mundo
preislámico, que vive en diversos lugares del norte de África y que ha logrado
transmitir su lengua y sus tradiciones de generación en generación a pesar de
su complicado devenir histórico.
El Alto Atlas es uno de las regiones donde mejor se
conserva esta cultura, en las bellas aldeas colgadas de sus laderas, como
Tasselt, Tichki o Aït Ali, a un par de horas de Marraquech, donde practican la
agricultura y el pastoreo. Un viaje cultural y en el tiempo sin necesidad de
irse demasiado lejos.
01 Amores bereberes en Demnate
A tan solo hora y media de la sofisticada y turística
Marraquech, cambiamos de ambiente: el mundo bereber nos envuelve en los
sencillos pueblos que se esconden en las montañas del valle de Aït Bou Goumez,
muy cerca de los arcoíris que crean las Cascadas de Ouzoud. Demnate es toda una
inmersión en la cultura y la gastronomía locales, con el mejor aceite de oliva
de Marruecos y unos Romeo y Julieta bereberes.
mércores, 3 de decembro de 2014
Sahel
De O blog de Xosé Antón
“O Sahara é igual de vasto e monocromático que o Ártico, salvo que este último se está reducindo e o primeiro está medrando, concretamente en direción ao Sur, cara ao cinto de transición semiárido coñecido como o Sahel, que separa o deserto das sabanas tropicais de África central. Coma un cinto en torno á parte superior do continente africano, o Sahel ten uns 1.000 kilómetros de norte a sur no seu punto máis ancho; alomenos de momento. (…)
En Níxer cada muller ten unha media de entre 7 e 8 fillos, o que representa a taxa de fecundidade humana máis elevada do planeta. (…)
Níxer, un país sen acceso ao mar, é algo maior que Francia, Alemania e Polonia xuntas. Situado directamente ao Sur de Libia e Alxeria, as catro quintas partes máis septentrionais do seu territorio están constituídas na súa meirande parte por un deserto inhabitable. A meirande parte dos nixerianos viven máis ao sur, no Sahel, que moitos aínda lembran cuberto de bosques de acacias, prados e baobabs. Hoxe, cando a vexetación se murcha e as temperaturas son por termo medio entre 1,5 e 2ª C máis elevadas que as de a década de 1990, teñen medo de que cada vez se pareza máis ao Sahara. (…)
O único que contrarresta a fertilidade de Níxer, a máis alta do mundo, é que a esperanza de vida do país é de cincuenta anos. (…)
Nen sequera en Occidente existe tecnoloxía algunha que permita domesticar o clima desbocado. ¿Teñen considerado a planificación familiar para reducir o número de persoas ás que as terras deben sustentar?
Os homes estouran de risa. “Aqui todo o mundo ten máis dunha muller”, di o sultán, que ten catro.
“Non se lle pode pedir a un pai que deixe de ter fillos sen darlle unha solución respecto de quen traballará na súa granxa”, protesta un ancián de turbante branco.
“Se tés fillos, Deus resposta ás túas necesidades -di o novo alcalde-. Eu mesmo teño trinta e tres.”
Alan Weisman: “La cuenta atrás“
Pourra la Grande Muraille Verte donner un peu de soulagement?
“O Sahara é igual de vasto e monocromático que o Ártico, salvo que este último se está reducindo e o primeiro está medrando, concretamente en direción ao Sur, cara ao cinto de transición semiárido coñecido como o Sahel, que separa o deserto das sabanas tropicais de África central. Coma un cinto en torno á parte superior do continente africano, o Sahel ten uns 1.000 kilómetros de norte a sur no seu punto máis ancho; alomenos de momento. (…)
En Níxer cada muller ten unha media de entre 7 e 8 fillos, o que representa a taxa de fecundidade humana máis elevada do planeta. (…)
Níxer, un país sen acceso ao mar, é algo maior que Francia, Alemania e Polonia xuntas. Situado directamente ao Sur de Libia e Alxeria, as catro quintas partes máis septentrionais do seu territorio están constituídas na súa meirande parte por un deserto inhabitable. A meirande parte dos nixerianos viven máis ao sur, no Sahel, que moitos aínda lembran cuberto de bosques de acacias, prados e baobabs. Hoxe, cando a vexetación se murcha e as temperaturas son por termo medio entre 1,5 e 2ª C máis elevadas que as de a década de 1990, teñen medo de que cada vez se pareza máis ao Sahara. (…)
O único que contrarresta a fertilidade de Níxer, a máis alta do mundo, é que a esperanza de vida do país é de cincuenta anos. (…)
Nen sequera en Occidente existe tecnoloxía algunha que permita domesticar o clima desbocado. ¿Teñen considerado a planificación familiar para reducir o número de persoas ás que as terras deben sustentar?
Os homes estouran de risa. “Aqui todo o mundo ten máis dunha muller”, di o sultán, que ten catro.
“Non se lle pode pedir a un pai que deixe de ter fillos sen darlle unha solución respecto de quen traballará na súa granxa”, protesta un ancián de turbante branco.
“Se tés fillos, Deus resposta ás túas necesidades -di o novo alcalde-. Eu mesmo teño trinta e tres.”
Alan Weisman: “La cuenta atrás“
Pourra la Grande Muraille Verte donner un peu de soulagement?
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