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domingo, 31 de maio de 2015

Una película sobre prostitutas divide a Marruecos

El Gobierno islamista prohíbe el film de un director marroquí antes de que solicite permiso para estrenarlo en el país
Ha bastado la difusión por Internet de cinco extractos de seis minutos pertenecientes a una película sobre cuatro prostitutas en Marrakech para que ardan las redes sociales, para que las juventudes del principal partido opositor, el conservador Istiqlal, se manifiesten ante el Parlamento reclamando su censura, para que se cree una página en Facebook -que ya cuenta con miles de seguidores- donde se pide la muerte del director y la actriz protagonista. En medio de ese escándalo, una delegación del Centro Cinematográfico Marroquí acudió al Festival de Cannes para ver la película y recomendó su prohibición. Y el lunes por la noche el ministerio de Comunicación anunció que las “autoridades competentes” prohibían su difusión en Marruecos.
La obra se titula Much loved. Su director es Nabil Ayouch, de 46 años, uno de los más aclamados en el país, ganador en 2012 de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, con Los caballos de Dios, inspirada en los atentados suicidas de Casablanca en 2003. Antes de comenzar el rodaje entrevistó en Marrakech durante un año a más de 300 prostitutas. Las razones que alega el Gobierno del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) para prohibir su difusión es que la obra “comporta un grave ultraje a los valores morales y a la mujer marroquí, además de un atentado flagrante contra la imagen de Marruecos”.
Much loved se acaba de exhibir en el Festival de Cannes, donde no ha despertado mucho entusiasmo. También hay críticos que ensalzan el retrato de una realidad "sin adornos", aunque "tierno y digno". En cualquier caso, en Marruecos casi no se habla de otra cosa. Ayouch ha declarado desde Cannes a este diario a través del correo electrónico que se muestra “sorprendido y triste” respecto a la decisión del Gobierno. “Esto es incomprensible. La prohibición se produce antes de que hubiésemos pedido el permiso de distribución. Esto es censura previa”. En cuanto a la manifestación de las juventudes del partido opositor Istiqlal, Ayouch señala: “No tengo ni idea de por qué se oponen a la película. Viendo las imágenes de esa protesta, no parece que estén muy interesados en ella. Algunos tenían aspecto de no saber qué hacían ahí”.
En algunas escenas se ve a las actrices bailando danza del vientre delante de unos clientes saudíes; en otro momento las mujeres hablan de sexo de forma explícita y en otra escena discuten con sus clientes saudíes sobre Palestina. Para algunos medios, nada de lo que refleja Much loved debería sorprender a nadie, es tan solo un espejo en el que buena parte de la sociedad no quiere mirarse. “Ni Ayouch ni su película son responsables de la prostitución en Marrakech (…) Los marroquíes no serán libres de ver la película porque el ministro de Comunicación ha decidido por ellos”, señala el diario marroquí Libération.
Algunos intelectuales opinan que hace diez años este caso habría suscitado la solidaridad de muchos artistas y periodistas. Nabil Ayouch sufrió en 2003 la censura de su película Un minuto menos de sol, ante la presión de los islamistas y dijo entonces: “No estoy dispuesto a que los islamistas me impongan su modelo de sociedad”.

No obstante, también hay quienes se han expresado de forma muy contundente contra la decisión del Gobierno. Youssef Ziraoui, director editorial de la página marroquí Huffington Post, ha publicado este miércoles un artículo titulado “Yo soy Nabil” en el que señala la paradoja de que el día de la prohibición, Mustafá El Khalfi, ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno se encontraba en una gira por Estados Unidos con el objeto de difundir “la dinámica del modelo marroquí de reformas”. Y Mohamed Ezzouak, en el portalYabiladi, señala: “He aquí una idea para la próxima película de Nabil Ayouch, la hipocresía XXL, presente en todas las capas de nuestra sociedad. El castin será fácil, somos 34 millones los que aspiramos a un papel".

mércores, 4 de xuño de 2014

El héroe del genocidio ruandés: "En Ruanda me quieren vivo o muerto"


Entrevista a Paul Rusesabagina en cuya historia se inspiró la película 'Hotel Ruanda' que, sin embargo, es una de las persona más odiadas del régimen de Kagame
Durante el genocidio Rusesabagina refugió en el hotel Des Milles Collines a 1.268 personas tutsis que lograron salir vivas de la masacre
Él era hutu, aunque estaba casado con una mujer tutsi, lo que le convertía en un traidor. Después del genocidio, tuvo que huir de Ruanda en 1996 tras haber criticado al Gobierno tutsi y recibir amenazas de muerte
Jon Cuesta 13/05/2014 - el diario.es

Paul Rusesabagina conducía por la nacional cuatro camino de Bruselas cuando un coche rojo con cinco africanos en su interior le adelantó a toda velocidad. Tras ponerse delante de su coche, redujeron bruscamente la marcha. "Traté de adelantarles, pero cada vez que lo hacía cambiaban el sentido para impedírmelo". Finalmente, volvieron a disminuir la marcha y le indicaron que pasara. Paul invadió el carril contrario para adelantar y el coche rojo volvió a acelerar, imposibilitando la maniobra de adelantamiento. "Me estrellé contra un camión y mi coche quedó totalmente destrozado", recuerda. "Escapé de la muerte de puro milagro".
Han pasado ya 20 años del genocidio de Ruanda, y también se cumplen 20 años desde que Paul Rusesabagina ha estado esquivando la muerte. La historia de Rusesabagina, que hoy tiene 59 años, inspiró ‘Hotel Ruanda’, quizá la película más famosa sobre el genocidio ruandés. En el infierno del 94, Paul salió vivo de aquella masacre de muerte y destrucción. Dos años después, tuvo que hacer las maletas y marcharse de Ruanda por hablar más de la cuenta sobre las actividades del Gobierno.
"Hubo un genocidio, pero eso no es razón suficiente para no hablar de otras personas que también fueron asesinadas", sostiene. "Muchos hutus fueron asesinados antes, durante y después del genocidio. Más de 350.000 refugiados hutus fueron asesinados en Congo. Y toda esa gente hoy no tiene ningún derecho a recordar y honrar a sus muertos".
Nos recibe en su residencia de Bruselas junto a su mujer. Es amable, sosegado y conversador, y a pesar de que ha debido contestar las mismas preguntas millones de veces, nos responde como si fuera la primera vez. "El ejército tutsi se escuda en que eran operaciones para eliminar a los responsables del genocidio", le comento. "En los campos de refugiados del Congo los soldados tutsis del RPF no mataron a los genocidas, supuestamente jóvenes y fuertes. Mataron ancianos, mujeres, niños y gente enferma", replica. "Ésos no son los genocidas".
Tras huir de Ruanda, Rusesabagina llegó junto a su familia a Bruselas, donde pidió asilo político y vivió durante 15 años. En ese tiempo, su casa fue allanada en cinco ocasiones y casi fallece en un extraño accidente de coche. Desde hace unos años, se refugia en Texas, Estados Unidos. "Tenemos un Gobierno que nos persigue en el exilio para matarnos", explica. La lista de asesinatos es larga. La última víctima se cobró a comienzos de año, cuando Patrick Karegeya, antiguo jefe de los servicios de inteligencia ruandeses, apareció estrangulado en su habitación de hotel en Johannesburgo, Sudáfrica, donde estaba exiliado.
Tanto Estados Unidos como Bélgica, entre otros, evidencian la gran contradicción de la comunidad internacional. Por un lado, apoyan al presidente Paul Kagame y cuidan la relación con el país. Por el otro, conceden asilo político a refugiados que huyen de ese régimen. "Los impuestos de los europeos y los norteamericanos están financiando una dictadura", sostiene Rusesabagina. "No hay libertad de prensa, ni de expresión, ni espacio político. Se vulneran los derechos humanos. Pero la comunidad internacional se siente culpable por lo que ocurrió en 1994, y Kagame juega con esa culpa".
Le preguntamos si cree que Ruanda le concedería un visado en caso de que él decidiera volver. "Si voy a la embajada ahora mismo y pido un visado, me lo sellarían inmediatamente", afirma sin titubear. "Me quieren vivo o muerto".
'Efecto Hollywood'
Rusesabagina es un hombre extraordinariamente corriente, un héroe quizá magnificado por Hollywood y la película 'Hotel Ruanda' -basada en su historia-, pero un héroe, al fin y al cabo, entre tantos hombres y mujeres anónimos que también trataron de ayudar y cuya historia no se llevó al cine o simplemente nunca se conoció por irse a la tumba junto a sus dueños.
'Hotel Ruanda' es sólo una película, y como tal cuenta una historia basada en hechos reales pero maquillada para adaptarla al molde de largometraje nominado al Óscar. "¿Haría falta rodar una segunda parte de la película?", le pregunto. "Sería necesario hacerla para contar qué está pasando hoy en Ruanda y también en Congo, pero no creo que el Gobierno ruandés lo permitiera".
Durante los tres meses que duró el genocidio de 1994, Rusesabagina refugió en el hotel Des Milles Collines a 1.268 personas. 1.268 seres humanos que se libraron de morir a machetazos gracias a una mezcla de buena suerte, ayuda divina y capacidad negociadora de Paul. Tras el genocidio, en julio de 1994, la bonita historia oficial -también reflejada en el famoso largometraje- fue escrita por los rebeldes tutsis, que liberaron Kigali de genocidas y recuperaron el mando del país rescatando por el camino a los pocos hermanos tutsis que habían sobrevivido.
La salvación, encabezada por un joven de 36 años llamado Paul Kagame, dejó miles de muertos hutus, venganza y una feroz dictadura que arrasó a cientos de miles de inocentes refugiados en la antigua Zaire (hoy República Democrática del Congo). "En Ruanda siempre hemos aplicado la justicia del ganador", lamenta Paul. "Siempre hemos buscado las soluciones a nuestros conflictos mediante las armas".
El día que cambió todo
En la noche del 6 de abril de 1994, Paul Rusesabagina estaba cenando con su cuñado, Thomas, y la mujer de éste, en la terraza del hotel Diplomat, en Kigali, donde Paul trabajaba como director. Era un día feliz. Su cuñada se había graduado en la universidad y acababa de conseguir un empleo como vendedora de coches para una compañía holandesa. Taciana, su mujer, no había podido acudir a la celebración y estaba en casa. "Vivíamos cerca del aeropuerto, y escuchó varios misiles impactando en un avión". Inmediatamente, Taciana llamó a Paul y le pidió que volviera a casa enseguida. "Dejamos la comida, nos levantamos y nos fuimos hacia el aparcamiento para coger nuestros coches", recuerda Paul. "Les dije a mis cuñados que se fueran a casa, que nos veríamos el día siguiente. Lamentablemente, el día siguiente nunca llegó". Jamás volvió a verlos y todavía hoy no sabe dónde quedaron abandonados sus cadáveres.
El presidente hutu, Juvénal Habyarimana, acababa de ser asesinado momentos antes de que su avión aterrizara en el Aeropuerto Internacional de Kigali. La noticia corrió como la pólvora, y una furia asesina de venganza invadió la capital de Ruanda y después, el resto del país. Todo hacía pensar que los rebeldes tutsis, liderados por Paul Kagame, estaban detrás del atentado, y la maquinaria genocida promovida por el poder hutu y la propaganda gubernamental llamaba a todos los ciudadanos hutus a coger los machetes y despedazar a sus vecinos tutsis y sus cómplices.
El documento de identidad étnico de Paul Rusesabagina decía que era hutu, aunque estaba casado con una mujer tutsi, lo que le convertía en un traidor y le colocaba en el punto de mira. "Nos quedamos en casa esa noche, y la mañana siguiente muchos de nuestros vecinos habían sido asesinados a machetazos". Rusesabagina ordenó a sus hijos que no salieran de casa, aunque uno de ellos hizo caso omiso y salió para visitar a su amigo, que vivía cerca. "Cuando llegó, su amigo acababa de ser asesinado junto a su madre y seis hermanas", cuenta Paul. "Mi hijo volvió, se metió en su habitación y estuvo muchos días sin decir una sola palabra".
La buena reputación de Paul y su posición -uno de los pocos directores ruandeses en una gran compañía europea- hizo que muchos vecinos acudieran a su casa y le rogaran un sitio donde esconderse. "¿Por qué pensaban tus vecinos que estarían a salvo en tu casa?", le preguntamos. "Esa es una pregunta que nunca he sido capaz de responder".
Después siguieron 76 días de atrincheramiento en un hotel convertido en campo de refugiados, acosado por las milicias interahamwe y con falta de alimentos y agua para abastecer a tanta gente. Paul había agotado todos los contactos, el buen champagne y el dinero con el que convencía una y otra vez a los líderes del genocidio de que no tocaran el hotel. "Llegué a perder la esperanza", recuerda. Pero el milagro se obró, y tras el final del genocidio el hotel Des Milles Collines había sido uno de los pocos lugares del país donde no hubo asesinatos.
Falsa reconciliación
Hoy, Ruanda vive una tensa calma. Todos se llenan la boca con palabras como perdón, reconciliación, convivencia. Es la versión del Gobierno, la única versión moral y legalmente admitida. Es eso o el silencio. "Temo a mis compatriotas cuando no hablan, es como un volcán a punto de entrar en erupción", comenta. "La historia nunca nos enseña las lecciones", afirma mientras retrocede dos décadas hasta el punto de inflexión de la historia ruandesa. "En 1994, los hutus concentraban orgullosos el control. Después del genocidio pasó a manos de los tutsis, y hoy éstos mantienen el poder sin compartirlo. Mientras unos y otros no se sienten alrededor de una mesa, lleven allí todos los problemas y toda la verdad de lo que pasó, y tras ello apliquen una justicia real e igualitaria, para mí la reconciliación ni siquiera habrá empezado".

luns, 24 de febreiro de 2014

O xiro postal, de Ousmane Sembene (libro e película)

Eladio Anxo
2260362298_343fe4c4f6Ousmane Sembene (1923-2007) é un dos grandes persoeiros da cultura africana. Naceu en Senegal, loitou na II Guerra Mundial contra o nazismo, traballou despois en Francia en diversos oficios manuais. Militou no comunismo e, nos anos 50, comezou a publicar novelas e, coa finalidade de chegar a máis xente, rodou varias curtametraxes. En 1966 estreou a primeira longametraxe africana, A negra de… No ano 1968 realizou a primeira película rodada nunha lingua africana, o wolof: Mandabi, baseada en O Xiro Postal.
Toda a súa obra literaria (escrita en francés) e cinematográfica amosa o compromiso do autor coa denuncia das desigualdades, transmitindo unha mensaxe de loita e esperanza na mellora das condicións de vida dos africanos.
O Xiro postal conta as dificultades burocráticas dun cidadán de Dakar, condenado desde hai máis dun ano ao paro, para poder cobrar un xiro que lle mandou un sobriño, emigrante en París. Ao tempo que describe as situacións esperpénticas vividas polo protagonista, amósanos unha sociedade corrupta e empobrecida, o Senegal recentemente independizado de Francia. Ambientada nos anos sesenta, ben podemos trasladar a falta de principios éticos e o servilismo de moitos dos personaxes a unha realidade máis próxima no tempo e no espazo.
Non hai heroes, nin tan sequera personaxes atraentes, só monicreques condenados a cumprir o papel que lles tocou nun mundo esencialmente inxusto. Uns, a maioría, loitan por sobrevivir día a día, rebaixándose ata a degradación para conseguir unha esmola coa que poder mercar algo de comida; outros adáptanse a nova realidade, sen escrúpulos para medrar, e outros fan de chupatintas repelentes que agochan a súa insignificancia maltratando aos seus concidadáns. E as mulleres, marxinadas, pero sempre atentas a salvar aos seus homes, pondo un pouco de sentido aos arroutos masculinos que dominan o absurdo cotiá.
O autor non necesita que sintamos simpatía por ningún personaxe, abonda a descrición dunha realidade inhumana, humillante, para que tamén sintamos carraxe ante a perda da dignidade e a miseria pola que ningún ser humano debería pasar. E así, consegue o seu propósito, que máis que compaixón sintamos rabia ante a inxustiza.

Un libro breve, moi fácil de ler e moi ben traducido, un mosaico das miserias e debilidades humanas, apegado á rúa, ao pobo senegalés, pero cun contido universal, porque a hipocrisía (a verdadeira protagonista da novela) é común a tódalas sociedades e persoas. Os convencionalismos sociais, e a relixión como o maior deles, seguen rexendo a nosa forma de relacionarnos, agochando a nosa incapacidade para rebelarnos, para facer que as cousas cambien.

-(…) Pensas que todo está podre…? Non… Nin sequera os que teñen traballo están contentos. Isto vai cambiar.
-Quen o vai cambiar? Pasei un ano sen traballar porque fixera folga. Teño dúas mulleres e nove cativos. O único que dá cartos son as trampas.
-Mañá faremos que todo iso cambie.
-Quen, nós?
-Ti.
-Eu…?
-Si, ti. Ibrahim Dieng.
-Eu…?