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xoves, 12 de marzo de 2015

Libros para (re)pensar África

https://literafrica.wordpress.com/2015/03/11/libros-para-repensar-africa/
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Estereotipos, clichés, ideas previas y preconcebidas sobre África hay muchas. Así, se habla de África como si se hablara de un país, de manera homogénea (África como un todo); se habla de un continente incapaz de gobernarse por si mismo, lleno de seres pasivos, sin capacidad de iniciativa, necesitado de la ayuda occidental (África dependiente); se siente África como un lugar terrible, donde el caos más absoluto y el terror campan a sus anchas (África terrorífica o peligrosa), o se imagina África como un paraíso (África exótica).
Las anteriores son solo algunas de las muchas ideas preconcebidas que con demasiada frecuencia suelen acompañar a todo lo que viene de este continente. Una manera de romper estos lugares comunes es leyendo. A continuación os ofrezco una pequeña lista de libros que nos ayudan a que (Re)pensemos, (De)construyamos y empecemos de nuevo.
1.-Imaginar África: los estereotipos occidentales sobre África y los africanos
escanear0060El título de esta colección de ensayos, una obra coral de nueve africanistas, nos induce a pensar en la palabra “imaginar”: ¿cómo y por qué imaginamos África y a los africanos? y ¿por qué “imaginar”?. Pero os aseguro que cuando acabéis de leerlo habréis “pensado” África y, por extensión, vuestra imagen de los africanos. Dice Ignacio Ramonet que “El Sur es, en nuestro sistema comunicacional, un infierno o un paraíso: pero jamás un país normal”
Editorial: Los libros de La Catarata. Casa África. Antonio Castel y José Carlos Sendín (eds)
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2.-Más allá de la barbarie y la codicia
imagenDice Oscar Mateos, uno de los autores de este libro, que “la deconstrucción de los discursos monocausales es más importante de lo que parece”.
La obra trata de demoler las nuevas narrativas que han ido surgiendo en torno al continente, sus guerras y sus conflictos, “para mostrar cómo, en su transfondo, confluyen una pluralidad de factores políticos, sociales, económicos y culturales más complejos y hetereogéneos que los que recoge la literatura dominante y muestran los medios de comunicación.”
Editorial: BellaterraItziar Ruiz-Giménez Arrieta (ed)
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3.-Algún día escribiré sobre África
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Binyavanga Wainaina narra en este libro su vida. Nada más comenzarlo, el escritor ya nos avisa que ha cambiado algunos nombres para respetar el derecho a la intimidad, pero en ningún momento se cambia a sí mismo. Irónico, brillante, conflictivo y contradictorio nos ofrece, tras su imprescindible escrito Cómo escribir sobre África, una nueva inmersión en el “África” que él conoce, lleno de buenos y malos momentos, de gente más o menos generosa y de mucha (y sorprendente para muchos) cotidianeidad.
Editorial: Sexto Piso
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4.-Mitos y realidades en África Subsahariana
Mitos_y_RealidadesMbuyi Kabunda Badi y Antonio Santamaría lanzan muchas preguntas, tal y como recogen desde la Editorial La Catarata: “¿Existen varias Áfricas o una sola? ¿Tienen los africanos capacidad para sobrevivir en la adversidad o el continente está destinado a un naufragio ineluctable? ¿La tutela internacional oxigena su economía y su sistema político o, por el contrario, les está ahogando? Para los autores, África es una en su visión del mundo, plural en sus expresiones y valores, y fuerte en su voluntad de seguir existiendo a pesar de todas las adversidades. Defienden la necesidad imperante de comprender este continente en su complejidad, diversidad y unidad, sin prejuicios ni complacencia, sin generalizaciones abusivas ni simplificaciones fáciles, sin diagnósticos optimistas ni prospectivas catastrofistas.”
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5.-África más allá del tópico
t25Nos dice el escritor Antonio Lozano en el prólogo que “quienes diseñaron la personalidad del africano, que el poder político, económico y europeo requería, pudieron darse por muy satisfechos con su trabajo. Por lo cual la labor de descontaminar la imagen de nuestro vecino africano de las abominaciones que les hemos echado a las espaldas constituye un reto absolutamente necesario y urgente, y el libro del profesor Amadou Ndoye aborda la cuestión en una línea tan correcta como deseable”.
Editorial: Baile del Sol
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6.-Malas noticias de África
Port. Malas noticias de Africa 15En este libro de Antoni Castell descubrimos cómo “Los medios de comunicación occidentales presentan a África como un lugar de corrupción, violencia y desastres, que sobrevive gracias a la ayuda occidental. Es un lugar inhóspito y salvaje, recomendable para turistas con mal de aventura, pero habitado por seres pasivos, indolentes, atrapados por prácticas ancestrales y sin capacidad de organización social. La repetición de estas informaciones de catástrofe fortalece un imaginario occidental sobre África, en que las culturas africanas son percibidas como incapaces de superar el subdesarrollo y de abrazar la modernidad, y los valores que ésta representa como la democracia.”
Editorial: Bellaterra

mércores, 16 de xullo de 2014

Muere la escritora sudafricana Nadine Gordimer, Nobel en 1991


Ha fallecido a los 90 años en su casa de Johanesburgo. La lucha contra el apartheid marcó su vida y su obra
REUTERS / EP Madrid 14/07/2014 publico.es
La escritora surafricana y premio nobel de literatura, Nadine Gordimer, quien fuera gran defensora de la abolición del "apartheid" en su país, falleció a los 90 años. La sudafricana de origen judío murió mientras dormía en su casa de Johannesburgo la noche del domingo acompañada por sus dos hijos, según un comunicado de la familia citado por la agencia local de noticias SAPA.
En 1991, a los 67 años, Gordimer ganó el Premio Nobel de Literatura, y en aquel momento fue la primera mujer en hacerlo en 25 años. Nacida en Springs, una población minera cercana a Johannesburgo, la escritora trató en sus libros los conflictos interétnicos y el "apartheid", por lo que el Gobierno prohibió tres de sus obras.
"Algunas personas dicen que me dieron el premio no por lo que he escrito, sino por mi política. Pero yo soy una escritora. Esa es mi razón para seguir con vida", manifestó la sudafricana tras recibir el Nobel. Su defensa por la mayoría negra hizo que Gordimer fuera una de las primeras personas con las que Nelson Mandela quiso reunirse tras convertirse en 1994 en el primer presidente negro de la historia de Sudáfrica, después de pasar 27 años en prisión.
Defensora del cambio en Sudáfrica
Nació el 20 de noviembre de 1923 en la localidad minera de Springs, e hija de un joyero judío lituano y de madre inglesa, durante su infancia quiso ser bailarina además de escritora, pero tuvo que abandonar la danza al diagnosticársele una enfermedad cardíaca. La sudafricana siempre permaneció en su país, donde se convirtió en firme defensora de la abolición del "apartheid", y fue miembro del Congreso Nacional Africano (ANC) cuando esta organización política era ilegal (1960-1990).
Gordimer consideró que, como figura pública y también sudafricana de raza blanca, tenía el compromiso de contribuir al cambio social en su tierra. La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1991 abordó en sus obras temas como la opresión, la violencia, la discriminación y las consecuencias del "apartheid" en Sudáfrica.
También llamó la atención del mundo sobre la necesidad de combatir la pobreza a escala internacional, especialmente tras su nombramiento como embajadora de buena voluntad del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en 1998.
Pero antes de que la comunidad internacional la reconociera por su activismo, Gordimer se formó en Letras en la Universidad Witwatersrand de Johannesburgo, y recorrió África, Europa y EEUU. En las universidades de Harvard y Princeton de este último país trabajó como profesora.
Obra precoz y comprometida
La vocación literaria de Gordimer dio su primer fruto durante la adolescencia, pues con 15 años publicó el primer relato en un periódico de su país. Posteriormente apareció su primera novela, The Lying Days (1953), que tuvo una grata acogida de la crítica nacional e internacional.
A partir de entonces publicó más de una veintena de obras, entre ellas La huella del viernes (1960), La hija de Burger (1979), Something out There (1984), Un capricho de la naturaleza (1987), Nadie que me acompañe (1994) o The Pickup (2001).
Miembro honorario de la Academia Americana de las Artes (1978), entre los galardones que recibió, además del Nobel de Literatura, figuran el Premio W.H. Smith de Literatura (1961), el Booker McConnell a la mejor novela inglesa (1974), Thomas Pring de la Academia Inglesa Sudafricana (1975) y el Premio CNA de Literatura (1975, 1979 y 1981). Con el Nobel se convirtió además en la primera mujer que lo recibía desde 1966, tras la alemana Nelly Sachs, quien lo compartió con el israelí Samuel Agnon.
Además del Premio Nobel, la autora ha recibido un gran número de premios y distinciones, entre ellos, un total de 15 doctorados honoris causa por universidades como Yale, Harvard, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica, Ciudad del Cabo y Witwatersrand. En cuanto a su vida personal, la escritora, tras un primer matrimonio fallido, se casó en 1954 con el anticuario Reinhold Cassirer, con quien tuvo un hijo en común, aunque cada uno aportó a esta unión una hija de anteriores relaciones.

luns, 7 de outubro de 2013

Abasse Ndione, contador de historias


Por: José Naranjo | 17 de diciembre de 2012

La casa de Abasse Ndione se encuentra casi al final de Rufisque, a las afueras de Dakar, muy cerca de una enorme fábrica de cemento. A la sombra de las torres de esta inmensa estructura correteaba hace 60 años el pequeño Abasse, pues su padre, comerciante y agricultor, también trabajó allí durante años. Así es este impenitente devorador de libros, uno de los escritores más reconocidos de Senegal, pero a la vez hombre sencillo, amante de la vida en familia, discreto, acogedor. Un autor que se resiste a las nuevas tecnologías, no tiene teléfono móvil y sigue escribiendo a mano, pero a quien le gusta estar informado de lo que ocurre a su alrededor y que luego traslada a sus novelas. Considerado uno de los pocos autores africanos de novela negra, el pasado 11 de diciembre participó, desde Dakar, en una de las actividades del Salón Internacional del Libro Africano (SILA) que este año se celebró en Gran Canaria.
Abasse Ndione nació en Bargny, a pocos kilómetros de Rufisque, el 16 de diciembre de 1946. “Mi infancia fue muy feliz, formidable. Éramos 14 ó 15 niños en la casa, mi padre era polígamo y tenía varias mujeres. Como propietario de una piragua de pesca, daba trabajo a treinta ó cuarenta personas, no pasamos necesidades. Además, durante la II Guerra Mundial, trabajó con los americanos en una base que habían montado al lado de casa, y cuando se fueron en 1945 la casa se llenó de muebles y cosas que ellos le habían dejado. Recuerdo especialmente un fonógrafo con el que toda la familia oía discos de jazz”.
Pero no era lo único que escuchaban en la casa. El pequeño Abasse y sus hermanos se reunían a menudo en el patio para disfrutar de las historias que se contaban a la luz de los candiles. Normalmente eran las mujeres las encargadas de inflamar la imaginación de los niños con historias extraordinarias en las que los personajes eran espíritus mágicos, liebres inteligentes y escurridizas o desagradables hienas. “Eran las tías de la familia las que asumían este rol, pero me acuerdo también de un viejo pariente que venía de Podor, Papa Lö le llamábamos, que nos impresionaba mucho por su manera de contar”, recuerda.
A los siete años, Abasse comenzó a aprender el Corán en una escuela islámica, pero su padre se empeñó en que también aprendiera otras disciplinas y acabó enviándolo a un colegio francés. “Recuerdo el primer libro que leí en la escuela. Se llamaba En el país azul, del escritor galo Armand Grébauval. Pero, desde mi mirada de niño, me sentí muy decepcionado, yo pensaba que en los libros debía haber también historias extraordinarias como las que nos contaban nuestras tías. Fue en aquella época, allá por el año 1956, tendría yo unos diez años, cuando decidí que un día yo también escribiría libros”. 
Pocos años más tarde, el joven Abasse se traslada a Saint Louis, al norte del país, para estudiar Secundaria en el Liceo Peytavin. “Nuestro profesor nos planteó un dilema, nos pidió que escribiéramos una redacción en la que plasmáramos un recuerdo de nuestras vacaciones o bien qué queríamos ser de mayores. Yo escogí esta opción y dije que quería ser escritor. Aproveché la ocasión y le pregunté qué disciplina tenía que estudiar para convertirme en escritor. Recuerdo su respuesta como si fuera hoy. Me dijo que no era una cuestión de estudios, sino de sensibilidad, que en realidad no había ninguna disciplina concreta que yo pudiera cursar para ser escritor, pero que tenía que cultivarme mucho, leer mucho”, añade Ndione.
Y empezó. No descartó ningún género, ningún autor. Abasse Ndione leyó todo lo que cayó en sus manos. De Víctor Hugo a Balzac, de Dostoievski a Hemingway. Finalmente se convirtió en enfermero de Estado y su primer destino fue la ciudad de Sedhiou, en la región de Casamance, al sur del país. “Llegué allí cargado con mis maletas en las que llevaba, sobre todo, libros. Después fui trasladado a dos pequeños pueblos a donde casi nunca llegaban los medicamentos, así que me pasaba las horas leyendo y leyendo. De todo. Cómic, novelas, piezas de teatro, ensayos, cuentos”. Entre sus novelas preferidas, El viejo y el mar, de Ernest Hemingway y No hay orquídeas para la señorita Blandish, de James Hadley Chase.
Y claro, como una cosa lleva a la otra y las casualidades no existen, Abasse Ndione coge el bolígrafo. Cada noche, en una suerte de letanía, el enfermero se quedaba escribiendo libretas y libretas, como si estuviera poseído. “Me acuerdo que escribí tres libros, pero luego destruí los manuscritos. No me gustaron”. Siete años después, fue destinado a Dakar y se instaló muy cerca de la casa familiar, en Bargny. Y hasta allí, ahora sí, vino a buscarle su primera novela. Fue en 1973. “Una noche hubo una redada en el pueblo y la Policía se llevó a cuatro traficantes de cannabis. Para mí aquello era inaudito. Pero claro, en mi ausencia había venido el mayo del 68, el movimiento hippie, la guerra de Vietnam, Woodstock y tantas cosas. El mundo había cambiado”.
El curioso Abasse Ndione empezó a investigar. Se encontró con que en el pequeño pueblo donde había nacido había seguidores de Bob Marley que fumaban marihuana y un mundo que para él era nuevo, desconocido y, por tanto, estimulante. Y volvió a escribir. A la manera tradicional. Cada noche, cuando los niños y la mujer se acostaban, Abasse sacaba su viejo cartón, se lo ponía sobre las rodillas, cogía las libretas y el bolígrafo y se sumergía en ese mundo urbano y nuevo que estaba surgiendo. En dos meses lo tenía terminado. 
En un primer momento, Abasse Ndione pensó que había escrito un guión cinematográfico. Lo envió a la Sociedad Nacional de Cinematografía y allí alguien le dijo que no, que aquello era, en realidad, el embrión de una novela. Abasse volvió a casa y retomó la escritura. El proceso le llevó dos años: cortó, limpió, añadió, retocó su texto, le dio vueltas, lo rehizo en fin. “Escribía hasta que me vencía el cansancio, una costumbre que cogí en aquella época y que aún mantengo”. De aquel frenesí salieron decenas de cuadernos. Veinticuatro meses después, lo llevó a la editorial Nuevas Ediciones de Senegal. Le dijeron que sí, que era excelente, que la publicarían. Ndione estaba satisfecho. Había nacido La vida en espiral.
Sin embargo, tuvo que esperar ocho largos años, hasta abril de 1984, para ver publicada su obra. “A la senegalesa” comenta con ironía. El éxito es inmediato. Seis meses después, se habían vendido todos los ejemplares y en 1985 recibe el Premio de Novela Léopold Sedar Senghor. Un año más tarde, la lectura de La vida en espiral se incluye en la programación de los estudios de Secundaria de todo el país, novela de la que aparece una segunda parte en 1988. La vida en espiral narra la historia de cinco jóvenes que viven en un pueblo llamado Sambay (en realidad su Bargny natal) a una hora de Dakar y que pasan todo el día fumando cannabis. Sin embargo, Ndione no se queda ahí y también fotografía en esta obra a la clase política senegalesa y sus prácticas corruptas.
Pero al escritor le aguardaba aún una gran sorpresa cuando un día de 1998, diez años después, recibe una llamada telefónica. La prestigiosa editorial francesa Gallimard quería publicar su novela y lo hace pocos meses después. Animado por su proyección internacional, empieza a escribir su segunda obra. “La tenía en mi cabeza. Yo no tengo costumbre de tomar notas, pero cuando me siento sé hasta dónde quiero llegar, sólo me falta encontrar las palabras. Me llevó un año y medio, casi dos, darle forma a la novela”, asegura. En 2000, coincidiendo con su jubilación, la editorial Gallimard publica Ramata, la historia trágica de una ambiciosa mujer a la que muchos consideran la Madame Bovary africana, que luego sería llevada al cine.
Tendrán que pasar ocho años, hasta 2008, para que Ndione publique su tercera obra, Mbëckë mi, basada en el drama de la emigración que en aquellos años azotaba a Senegal. Decenas de miles de jóvenes se subían en aquella época a los cayucos que llegaban de dos en dos o de tres en tres hasta las costas de Canarias. Y Ndione se subió figuradamente con ellos a una de estas piraguas y contó su azarosa travesía. “Hubo gente que me llegó a preguntar si realmente había hecho ese viaje. Con este libro se ha hecho también un guión para una película”, explica el autor, ya inmerso en nuevos proyectos, uno de ellos sobre el largo conflicto de Casamance que dura ya treinta años.
“Quiero aportar mi contribución a la búsqueda de la paz. No es posible que los dirigentes de este país no hayan trabajado lo suficiente para conseguir acabar con una de las guerras más fratricidas y olvidadas que existen en el mundo”, explica. Por lo que parece, la hija del escritor, que se encarga de transcribir al ordenador las libretas de su padre, seguirá teniendo trabajo. En sus obras, como si fuera una paciente araña, va tejiendo una red de descripciones precisas y sucesos cotidianos y a la vez sorprendentes en la que acaban cayendo tanto sus personajes como sus lectores. Cronista de lo real, el escalpelo de Abasse Ndione penetra también en los perfiles de seres humanos obligados a desenvolverse en un mundo que los zarandea. Y al final, a uno le queda el regusto de haber paseado por calles, sombras y esquinas que son las mismas que nos esperan a todos en cualquier día y cualquier ciudad y, por eso, tan extraordinarias como los cuentos que el propio Ndione escuchaba contar de niño a Papa Lö.