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martes, 17 de marzo de 2015

Las ventajas de mirar al Sur

El Real Instituto Elcano presenta su primer informe africano, que propugna un viraje de la política y la sociedad española hacia este continente
"Es muy difícil que nuestros líderes entiendan que hay que preocuparse aquí y ahora de África: es complicado abrir una nueva frontera, tirar la mirada de la sociedad hacia el Sur", casi se lamenta Félix Arteaga removiéndose dentro de su traje oscuro, sin corbata y con las gafas reflejando la cálida luz del auditorio de Casa África, en Las Palmas de Gran Canaria. Arteaga comparece ante un auditorio abarrotado como responsable de coordinar España mirando al Sur: del Mediterráneo al Sahel, un estudio "coral" sobre las relaciones de nuestro país con el continente africano. Publicado en diciembre del año pasado por el Real Instituto Elcano, se ha convertido en el primer informe de la institución, en casi 14 años de historia, que se centra en nuestra frontera sur. Arteaga es investigador principal del Real Instituto Elcano en seguridad y defensa, aspectos ambos fundamentales en este informe que realiza un análisis de riesgos y oportunidades de las relaciones de nuestro país con el continente africano que toma a España, lo más inmediato a nuestro país y nuestros intereses como medida.
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#MirandoAlSur es el hashtag que difunde en redes sociales los resultados de este texto, originalmente concebido como un encargo del ministro de Defensa actual, Pedro Morenés, para explorar los retos a los que España se enfrenta en su frontera meridional. El equipo que lo redacto acabó plasmando en casi 200 páginas un universo de lagunas, riesgos, recomendaciones y, sobre todo, posibles oportunidades para una España con visión de futuro y buen liderazgo político, independiente de siglas o ideologías. Un informe "transversal, prospectivo y prescriptivo" en palabras del director del Real Instituto Elcano, Charles Powell, con el que se formulan líneas de trabajo a largo plazo desde la prudencia de un think tank y un país prácticamente recién llegados a África. En sus páginas, la inmigración irregular o el yihadismo aparecen tangencialmente, no como amenazas directas a España y sus intereses. Hay cosas que deberían preocuparnos más. O así lo entienden los autores de este informe.
Carencias
Arteaga indicaba, con un punto pesimista en la voz contra el que se rebelaba cada pocas frases, que en España sabemos muy poco del continente africano. Aunque reconoció un giro en nuestra actitud hacia África, fue también lapidario: no hay casi expertos, no hay un conocimiento sistematizado de la situación sobre el terreno, no hay casi instituciones que se ocupen de África en España. Un botón de muestra de la situación es que el propio Real Instituto Elcano busca un investigador solvente en temas africanos que incorporar a su plantilla. "Tenemos que convencer a los departamentos de nuestras universidades de que estudiar África es importante", enfatizó este experto.
El investigador prosiguió, implacable, con su listado de carencias: hay países africanos en los que España no está presente y en los que banca, infraestructuras o turismo nos ofrecen oportunidades. No tenemos una estrategia de actuación coordinada, a largo plazo, para dirigirnos al continente. Ni fondos para sostenerla. Sin amargura pero palmario, señaló que Francia presentó el año pasado su propia estrategia para África poniendo sobre la mesa 8.000 millones de euros. En nuestro caso, Arteaga bosquejó una relación casi inexistente con un territorio en el que se sitúan Ceuta y Melilla y del que nos separan apenas 14 kilómetros desde la península y unos 90 desde Canarias.
Tras el balde de agua fría, adujo que todavía estamos a tiempo de tomar el tren africano, que nos queda margen de maniobra, que las cosas están cambiando.
Junto a Félix Arteaga se sentó su jefe, bañado por esa misma luz amable: Charles Powell, director del Real Instituto Elcano desde el año 2012. Actuaba como maestro de ceremonias de la presentación y moderador en el turno de preguntas. "España debe pivotar al Sur, España debe tomar en serio al Sur", precisó serenamente durante su intervención. "Y no sólo por los estados fallidos o débiles, el terrorismo, el narcotráfico o la inmigración irregular. España debe mirar al Sur para aprovechar el potencial político, económico y social del continente africano, una de las regiones más dinámicas del planeta".
Powell recordó que nuestro país participó por primera vez en una operación de paz en suelo africano en el año 1989 y que, hoy en día, mantiene la mayor parte de sus efectivos, misiones y contactos militares en ese mismo suelo. Otros datos que reflejan la importancia de nuestra frontera Sur para nosotros es que, el año pasado, las exportaciones españolas al continente vecino superaron a las que se realizaron a Latinoamérica y que el 40 % del petróleo y el 60 % del gas que llegan a nuestro territorio procede de países africanos. Por mencionar algunas cifras.
Charles Powell inauguró la presentación de este informe dibujando una mirada estrábica de los españoles a su entorno, que fluctúa entre el complejo de inferioridad frente a los modelos del norte de Europa y el complejo de superioridad frente a los modelos latinoamericanos. Aunque precisó que esta mirada estrábica es cosa del pasado y que se han superado complejos y prejuicios, también aclaró que los ojos españoles no se viran todavía hacia el Sur. El primer paso, según los especialistas del Elcano, para fijar bien nuestra mirada en donde debemos fijarla es conocer bien el terreno, informarse, investigar. La coordinación entre ministerios, agencias, sectores público y privado y socios sobre el terreno y un liderazgo inequívoco siguen al trabajo de "inteligencia".
Seguridad y economía
El informe del Real Instituto Elcano ha sido posible gracias a la colaboración de ministerios, agencias y actores sobre el terreno. Especialmente gracias a la información procedente del ámbito de la defensa y la seguridad y a las aportaciones del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) y sus agentes sobre el terreno, testigos de un giro espectacular en las economías africanas y de una “mejora del comercio exponencial”. Por eso mismo, economía, seguridad y defensa son los tres pilares en los que se sustenta este informe y que coinciden, además, con los intereses españoles en su frontera meridional.
Los investigadores que firman Mirando al Sur señalan que las principales amenazas con las que nos encaramos son el posible debilitamiento de países vecinos como Argelia o Marruecos, la sostenibilidad económica, demográfica e identitaria de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y la posibilidad de perder el tren de las oportunidades económicas africanas. De fondo, la proliferación de actores no estatales violentos en un entorno de estados debilitados sin casi arquitectura institucional para hacer frente a todo tipo de amenazas, la extraordinaria presión demográfica y una mejora de la macroeconomía que corre pareja a un incremento dramático de la pobreza, las migraciones y el malestar social. "Si a África le va mal, esto va a hacer que a nosotros nos vaya mucho peor que a ellos", aseguró Félix Arteaga.
El investigador fue tajante a la hora de indicar que es necesario que España cree su propia red de trabajo en el continente africano, se centre en sus propios intereses, invierta recursos propios y dinero y construya una capacidad suficiente para, sobre la base de una buena información y de una mejor comprensión de los escenarios africanos actuales, poder sacar adelante una operación Serval, en solitario o con aliados, sobre el terreno.
Arteaga no se refería a una intervención militar al uso. Este especialista opina que la era de las intervenciones occidentales convencionales en África ha muerto y ve improbable el despliegue de más tropas europeas o norteamericanas sobre el terreno. Las guerras modernas se basarían —según su visión— en la inteligencia compartida, la cooperación en cuestiones de seguridad, el asesoramiento y la construcción y el refuerzo de capacidades sobre el terreno. Al menos, en el caso de los problemas estructurales que aquejan a los países africanos.
Arteaga se quejó, además, de que nuestro pensamiento estratégico no está dirigido a nuestros intereses, sino a la globalidad y de que trabajamos en ocasiones para otros socios y aliados, olvidando nuestras propias necesidades. “Estamos solos [en África], sin Unión Europea, sin la OTAN. Tenemos aliados naturales con intereses en la zona, pero todo lo que hacemos en África es para apoyar a Francia y Francia trabaja en el continente sin consultas previas, de manera unilateral, muy a la suya. Estados Unidos y Gran Bretaña tienen una menor presencia, más puntual, sobre el terreno”, enumeró.
Los vecinos más próximos
Otro investigador del Real Instituto Elcano, Haizam Amirah Fernández, fijó la lupa sobre el Magreb y la encrucijada en la que se sitúa hoy el norte de África, dividido entre la libertad y el desarrollo o la frustración y el caos. Este experto contrapuso un Egipto que se deteriora a pasos agigantados, presa del autoritarismo y el descontento popular, a Túnez, aprendiendo de casos como el de la vecina Libia y optando por la democracia, la paz y la negociación.
"Tras décadas de autoritarismo y estabilidad aparente, vivimos un momento de transformaciones políticas y sociales que se aceleran, de estados que desaparecen, como Libia", apuntó Haizam Amirah. "También se dan escenarios dispares por países, desde las decapitaciones y las situaciones de guerra civil abierta a evoluciones lentas que parecen garantizar una cierta estabilidad. Perviven, además, las causas del malestar que llevaron al Despertar Árabe. Penurias socioeconómicas, falta de oportunidades, frustración de la población y especialmente de los jóvenes. La población crece y hay que buscar que hagan algo. Según varios estudios, habría que crear 80 millones de puestos de trabajo en la región MENA (Middle East & North Africa) de aquí a 2020. Existen también dificultades para traducir en políticas e instituciones concretas esos cambios y un aumento de las tensiones políticas y sociales a partir de la instrumentalización sectaria de determinados grupos y de injerencias externas, círculos viciosos que se retroalimentan y que crean víctimas, principalmente, entre la población civil de esos países. También hay que subrayar el papel cambiante y altamente confuso de Estados Unidos en la región, donde ha ejercido de gendarme que tradicionalmente ha puesto orden e intervenido".
En un contexto explosivo y variable, Haizam Amirah señaló que las prioridades de España en el vecindario son la estabilidad política y social, aprovechar las oportunidades económicas que abre el desarrollo de la región, garantizar los suministros energéticos y aprovechar las ventajas comparativas que nos conceden el conocimiento y la proximidad cuando tratamos con otros aliados.

Haizam Amirah concluyó su intervención preguntando a la audiencia qué vecindario quiere y necesita España dentro de quince o veinte años. De nuevo y como Félix Arteaga, hizo hincapié en la necesidad de que a nuestros vecinos y aliados del Sur les vaya bien para que a España le vaya mejor todavía. El mensaje final sigue siendo que aún estamos a tiempo de tomar el tren africano…

xoves, 8 de xaneiro de 2015

Como escribir sobre África, por Binyavanga Wainaina


No título sempre use a palabra África, Tebras ou Safari. O subtítulo pode incluír as palabras Zanzíbar, Masai, Zulú, Zambezi, Congo, Nilo, Xigante, Ceo, Sombra, Tambor, Sol ou Outrora. Tamén serven as palabras Guerrilla, Eterno, Primordial e Tribal. Nótese que Xente refírese a africanos que non son negros, mentres que A Xente refírese a africanos negros.
Non se lle ocorra poñer a foto dun africano ben integrado na portada do seu libro, nin menos dentro, salvo que ese africano gañe o premio Nobel. Un AK-47, costelas saíntes ou tetas ao aire: esas si son imaxes. Se debe incluír a un africano, asegúrese que sexa un envolto nun vestido Masai ou Zulú ou Dogón.
No seu texto, trate a África coma se fose un único país. Un lugar caloroso e cheo de po con praderías por aquí e por alá, unha chea de rabaños de animais e xente alta e fraca morréndose de fame. Ou talvez un lugar caloroso e húmido con xente baixiña que come chimpancés. Non se enrede con descricións precisas. África é enorme: 54 países e 900 millóns de persoas que están demasiado ocupadas morréndose de fame ou loitando contra outras tribos ou emigrando cara a algunha parte como para ler o seu libro. O continente está repleto de desertos, selvas, montañas, sabanas e moitas outras cousas, pero ao seu lector non lle interesa, así que atéñase ás con descricións románticas, evocativas e xerais.
Asegúrese de mostrar ben que os africanos teñen música e ritmo enquistados no fondo do alma, e que comen cousas que o resto dos seres humanos non come. Non mencione o arroz, nin o lombo de carne nin o trigo; o cerebro de mono é pan de cada día na cociña africana xunto ao cabrito, a serpente, as lombrigas, os vermes e todo o que sexa mastigable. Asegúrese de mostrar que vostede é capaz de comer esas cousas sen chistar, e describa como aprende a gozalas (porque a vostede impórtanlle esas cousas).
Temas tabú: escenas domésticas e cotiás; amor entre africanos (a menos que haxa unha morte); referencias a escritores ou intelectuais africanos; mencionar que os nenos van ao colexio, especialmente os que non sofren de deformacións, febre do ébola ou mutilación xenital feminina.
Ao longo do seu libro adopte unha voz suave, cómplice co seu lector, un ton triste de esperanzas frustradas. Demostre o máis pronto posible que a súa apertura de mente é impecable e deixe claro no inicio o moito que ama a África, como se namorou dela e como non pode esquecela. África é o único continente do cal un pode namorarse (sáquelle proveito). Se vostede é home, aventúrese nos seus cálidos bosques virxes. Se vostede é muller, trate a África como a un home con chaqueta de explorador que se perde nas tardes dentro dunha posta de sol. África existe para compadecérela, idolatrala ou dominala. Calquera que sexa o seu punto de vista, asegúrese de opinar con convencemento que sen a súa intervención e a do seu imprescindible libro, África está fodida.
Os seus personaxes africanos poden incluír: guerreiros espidos, serventes leais, adiviños e vellos mestres sabios vivindo en ermidas marabillosas. Ou: políticos corruptos, guías de viaxe ineptos e polígamos e prostitutas coas que vostede durmiu. O Servente Leal sempre se porta como un neno de 7 anos e necesita man firme; asústase coas cóbregas, é bo cos nenos e sempre termina meténdoo a vostede nos seus difíciles dramas persoais. O Vello Mestre Sabio sempre vén dunha tribo nobre (non dunha tribo avara e avariciosa como a dos Gikuyu, os Igbo ou os Shona), é moi ancián e, polo mesmo, está moi preto da Terra. O Africano Moderno é un gordo que rouba e traballa na oficina que dá visados, negándose a darlle permiso de traballo a occidentais cualificados que o único que queren facer é axudar a África, un inimigo do desenvolvemento que sempre usará o seu traballo no goberno para dificultar que os esforzados e benevolentes expatriados de occidente instalen as súas ONGs ou as súas Áreas de Protección Ambientais. Ou talvez é un intelectual educado en Oxford que se transformou nun vil ditador, asasino dos seus inimigos políticos (a oposición) pero vestido cun terno Saville Row. Un caníbal ao que lle gusta a champaña de luxo e cuxa nai é unha millonaria, metade bruxa, metade doutora, que é en realidade quen goberna o país.
Entre os seus personaxes non pode faltar a Africana Famenta, que vagabundea case totalmente espida polos campos de refuxiados esperando a axuda de Occidente. Os seus fillos teñen moscas sobre as pálpebras e os seus estómagos están inchados de tanto non comer. Debe lucir totalmente indefensa. Non pode ter pasado nin historia porque esas cousas arruínan o dramático do momento. Os xemidos son recomendables pero ela nunca debe dicir nada sobre dela mesma no diálogo excepto cando narre o seu (inenarrable) sufrimento. Tamén asegúrese de incluír unha cálida e maternal señora que se ri a mandíbula batente e que se preocupa de que vostede estea ben. Se a chama Mamá será perfecto. Os seus fillos poderían ser delincuentes. Estes personaxes deberían molestar ao seu heroe, facéndolle quedar ben. O seu heroe podería ensinarlles cousas (a sumar, a escribir); bañalos, alimentalos; podería axudar a moitos nenos a nacer e ver a Morte. O heroe é vostede (se é unha reportaxe) ou un fermoso e tráxico aristócrata famoso que agora lle importan os animais (se é ficción).
Entre os occidentais malos pode incluír a fillos dalgún ministro do goberno inglés (oxalá un Tory), africáneres e funcionarios do Banco Mundial. Cando fale da explotación por parte dos estranxeiros non deixe de mencionar aos comerciantes indios e aos chineses. Bótelle a culpa a Occidente pola situación de África. Non sexa demasiado concreto.
Grandes brochadas de todo isto estará ben. Evite ter aos personaxes africanos rindo, loitando por educar aos seus fillos ou facendo cousas mundanas. Ilumíneos con algún dato de Europa ou América que teña que ver con eles. Os seus personaxes africanos deberían ser coloridos, exóticos e máis lonxevos que a vida, pero por dentro baleiros, sen diálogo, sen conflitos, sen resolucións para as súas historias, sen profundidade e sen detalles particulares que confundan ao lector.
Describa, con detalle, tetas espidas (novas, vellas, ben conservadas, recentemente afeitadas, grandes, pequenas), xenitais mutilados ou xenitais aumentados. Calquera tipo de xenitais. E cadáveres. Ou mellor: cadáveres espidos, especialmente cadáveres espidos en descomposición. Recorde: calquera cousa que vostede escriba no que a xente pareza inútil e miserable será lida como a 'verdadeira África', a que vostede leva no po da súa chaqueta. Non nos confundamos: vostede está tratando de axudalos conseguindo a atención de Occidente. Polo mesmo, abstéñase de escribir achega de xente branca morrendo ou sufrindo.
Os animais, por outra banda, deben tratarse como personaxes complexos e ben delineados. Falan (ou gruñen, mentres sacuden orgullosos a súa melea) e teñen nomes, ambicións e anhelos. Tamén teñen valores familiares: viu como os leóns ensinan aos seus fillos? Os elefantes son solidarios e son valentes feministas ou dignos patriarcas. Tamén os gorilas. Os elefantes poderían atacar as casas, destruír as colleitas e matar xente. Sempre póñase ao lado dos elefantes. Grandes felinos poderían falar como escolares de instituto e as hienas poden ser un branco lexítimo e ter un lixeiro acento de Medio Oriente. Calquera africaniño que viva na selva ou no deserto pode ser retratado con sentido do humor a menos que entre en conflito cun elefante, un chimpancé ou un gorila. Nese caso debería representar a maldade pura.
Logo das celebridades e os traballadores humanitarios, os conservacionistas son as persoas máis importante de África. Non os ofenda. Necesítaos para que o inviten ás súas canchas de golf de mil hectáreas (as súas 'áreas de conservación') pois é o único xeito de que vostede chegue a entrevistarse cos activistas máis importantes. Se a portada do seu libro ten unha foto do conservacionista no terreo será de moita axuda para as vendas. Calquera branco bronceado vestindo algo de cor caqui que algunha vez tivo un antílope como mascota ou unha granxa, iso é un conservacionista; é dicir, alguén que preserva o rico patrimonio africano. Cando o entreviste, non pregunte moito sobre de cantos fondos ten para a súa obra; non pregunte cal é o seu tallada. Tampouco pregunte canto lle paga aos seus empregados.
Os seus lectores desilusionaranse se vostede non menciona a luz de África. Ah, e as postas de sol. As postas de sol en África son obrigatorias. Sempre son grandes e vermellas. Sempre hai un ceo inmenso. As paisaxes impoñentes e esas cousas son importantísimos (África é A Terra das Paisaxes Impoñentes). Cando escriba sobre a apremiante situación da flora e a fauna, non se esqueza de mencionar que África está superpoboada. Cando o seu personaxe principal estea no deserto ou na selva vivindo entre un pobo indíxena estará moi ben se vostede menciona que África foi despoboada pola Sida e a Guerra (use maiúsculas).
Tamén necesitará algún nightclub chamado Tropicana onde os mercenarios, os abxectos novos ricos africanos, as prostitutas, os guerrilleiros e os turistas humanitarios da ONU pásano ben.
Sempre termine o seu libro con Nelson Mandela dicindo algo sobre o arco da vella e o renacer da esperanza. A vostede impórtanlle esas cousas.
Binyavanga Wainaina é un escritor queniata, autor de 'Algún día escribiré sobre África', editorial Sexto Piso, 2013

venres, 14 de febreiro de 2014

Kirikú llegó hasta Ceuta


La historia de Kirikú, un niño valiente y bondadoso.
Felipe G. Gil 14/02/2014 – eldiario.es

Conocí a Kirikú hace 16 años. Kirikú era entonces un niño valiente y bondadoso. Un niño fiel a los principios del entorno que le vio crecer: la cooperación, el respeto y el amor al medio ambiente. Kirikú, siendo muy pequeñito y perteneciendo a un mundo muy distinto al mío me enseñó cosas que llevaré conmigo para toda la vida. 

Kirikú creció. Luchó por generar recursos para su familia en su país de origen. Pero no lo logró. Y aún siendo consciente de los graves riesgos que comportaba y sobre todo, siendo consciente de que no había garantías de éxito, decidió emprender un viaje para intentar llegar hasta España. Para intentar dar el salto a Europa. 

Al partir, Kirikú no tenía unas aspiraciones complejas, “Quería cruzar para poder dar de comer a su familia”, describen algunas de sus amistades. Kirikú era un estupendo bailarín. "Solíamos escuchar juntos canciones de su país. Yo le gustaba porque siempre escuchaba música de Costa de Marfil en mi móvil". Unos días antes de emprender el viaje hicieron una fiesta y todos comentaban lo bien que se movía. A menudo se reunía con amigos en un claro que denominan “campo de fútbol” donde juegan sin balón o cualquier bola de trapo. También le encantaba cantar. Y divertirse en común.

“Kirikú es pequeñito y no tiene miedo”, decía de sí mismo cuando no era más que un niño. De adulto mantenía esa valentía. Pero no fue suficiente para enfrentar el pavor que pasó en el agua mientras intentaba cruzar a nado para llegar a nuestras costas. Como muchos otros, Kirikú no lo consiguió.
Puede que la parábola de Kirikú te resulte insuficiente como homenaje a las personas que murieron en Ceuta y de las que ni siquiera conocemos su nombre (a pesar del trabajo de periodistas como Gabriela Sánchez, que como otros se está esforzando por contar qué ocurrió). A mi me sirve para pensar que por cada una de esas personas que han muerto por culpa directa o indirecta del brazo ejecutor de la Fortaleza Europea, hemos perdido la oportunidad de conocer a alguien increíble, a “un Kirikú” bondadoso y valiente. 

Este incidente nos muestra además la más hedionda y racista de las representaciones mediáticas de migrantes que podamos hacer: “Los migrantes como un problema a resolver donde la estrategia comunicativa es evidente: cosificarlo, criminalizarlo, tratarlo como un invasor, como un asaltante, como un ladrón, como un enemigo. En definitiva, como un Otro, como algo que no es como Nosotros" ( Rubén Díaz). Solo una sociedad encerrada en sí misma es capaz de mantener un absurdo en el que se usa la palabra “inmigrante” como el traje de un reo. Y en realidad los reos somos nosotros y Europa nuestra cárcel.
Lo que no sabe este pobre infeliz es que el "todos somos migrantes" no es ninguna falacia hippie. Nuestro pasado genético es prueba de ello. Que las fronteras estén basadas en divisiones artificiales y contingentes, también. Todos somos migrantes. Todos somos Kirikú. Y Kirikú no pertenecía a un solo lugar. Kirikú era atravesado por algunos lugares. En ocasiones, por un país, en otras por una casa, por un barrio, por un paisaje. Algunos los escogió y otros le vinieron dados. Era de aquí y de más allá.

Kirikú llegó hasta Ceuta. Y murió. Y con él una parte de nosotros.
De dónde son las personas
El penúltimo párrafo no está entrecomillado por razones estilísticas, pero está trasladado a partir de un post de Brigitte Vasallo, una de las personas que más me ha estimulado en los últimos tiempos al leerla sobre estos temas. Kirikú es una serie de largometrajes de ficción que son la adaptación de un cuento africano.

domingo, 19 de xaneiro de 2014

Entrevista co médico e escritor Manuel Corachan



El doctor Manuel Corachán (San Sebastían, 1938) es el gran pionero en España de la medicina tropical. Tras su jubilación ha cambiado el estetoscopio por la pluma y ha escrito Historia del África negra precolonial (Edicions Bernat), en la que recuerda la altura cultural de los antiguos reinos africanos de Benín, Malí o Songay, y que la universidad Sankore de Tombuctú se creó 200 años antes que la de la Sorbona...

Pregunta. Cuenta usted que a la exploradora Mary Kingsley le salvó la vida el refajo.
Respuesta. Y las enaguas. Viajaba por África en el XIX ataviada como una señora europea, lo que sin duda era incómodo e inapropiado, pero tantas capas de ropa le permitieron salir indemne al caer en una trampa con estacas puntiagudas al fondo.
P. No me extraña que la admire, era un hacha en dosificar la quinina como profilaxis de la malaria.
R. Así es, y una persona entrañable y solidaria. Murió de fiebre tifoidea en Sudáfrica cuidando a los soldados heridos en la guerra anglobóer.
P. Reivindica a Stanley por encima de Livingstone.
R. Los ingleses han presentado siempre muy negativamente a Stanley, que les birló dos rescates, el de Livingstone y el de Emin Pachá. Y le han hecho pagar excesivamente su servicio al rey Leopoldo. Pero he encontrado documentación sobre unas cartas inéditas que prueban que criticó la política belga con respecto al Congo. Por su parte Livingstone no era buen explorador y como misionero un desastre: no convertía a nadie. Aunque hay que reconocerle que luchó contra la esclavitud.
P. Stanley, Livingstone, Speke, Burton, Grant, Baker... Todos eran valientes.
R.Tenían que serlo para afrontar aquello, los peligros, las enfermedades. También eran soberbios, poco respetuosos y poco sensibles hacia los africanos.
P. Me encanta que valore a los exploradores que denomina “privados de gloria”.
R. Muchos que hicieron grandes cosas han permanecido en el anonimato. Empezando por los guías y servidores africanos.
P. Esos que mueren los primeros, despeñados o a manos de los gaboni, en los filmes de Tarzán.
R. Y ahí están también Pedro Páez, primero en alcanzar las fuentes del Nilo Azul, o Gessi Pasha, uno de los “tenientes de Gordon”, que circunnavegó el lago Alberto.
P. ¿Qué le ha pasado a África?
R. Trato de responderlo en mi libro. Los grandes reinos se colapsan con la llegada de las armas de fuego, la esclavitud y los blancos. Todo eso causa una gran distorsión. La trata se lleva a gente joven y fuerte, y provoca la huida de poblaciones. Se calcula que la esclavitud supone la pérdida de 30 millones de africanos. Un golpe tremendo, que desestructura las sociedades. Se destruye la dignidad y la identidad. Y luego llega la colonización europea...
P. ¿Hay esperanza para África?
R. Yo la tengo. Hay una generación de jóvenes muy brillantes ahora. Me da rabia que se mantengan los tópicos y se hable más de los tiranos que de ellos, de los ingenieros, abogados y médicos. Es lento y costará, pero los jóvenes van a sacar adelante África. Hoy un país como Ghana crece al 8 % anual.
P. Ha vivido en África 12 años y nunca ha dejado de visitarla, ¿qué es lo más hermoso que ha visto?
R. La gente. Nos demuestran que la vida real no es lo que tenemos nosotros.
P. ¿Y lo más terrible?
R. Las muertes que se podrían evitar. Ver que se puede hacer mucho y la impotencia que provoca no llegar a todo. Pero cuando logras algo es muy gratificante.
P. Le han llamado “el Indiana Jones” de la medicina.
R. ¡No, no, todo lo contrario!, la medicina tropical es una disciplina académica muy seria, una gran especialización.
P. ¿Qué es lo más raro que ha tratado?
R. Cuando estuve en Papúa-Nueva Guinea nos llegó al hospital alguna persona que había practicado el canibalismo y padecía problemas neurológicos en consecuencia, algo similar a lo que vimos con el caso de las vacas locas. Luego hay cosas muy clásicas pero que no dejan de sorprenderte como la esquistosomiasis, la bilharzia, cuyo ciclo requiere heces humanas, agua dulce y caracoles. Una historia bellísima desde el punto de vista parasitario.
P. ¿Tienen que ver los problemas históricos de África con las enfermedades?
R. Sí, sobre todo la enfermedad del sueño.
P. Las moscas tse-tsé son difíciles de matar. En Tanzania, en el lago Manyara, les atizábamos de lo lindo y no se morían, las tías.
R. Sí, durísimas, y las ronchas de las picaduras muy molestas. Afortunadamente la infección es rara, a no ser que seas pastor de ganado. ¡Lo más peligroso en África son las cosas pequeñas!
P. ¿Qué ha sido del Ébola?
Parece habernos dado un respiro.
R. Sí, hasta que vuelva. Nunca los vencemos, a los microrganismo. Ganamos batallas pero no la guerra. Sin embargo, ¿sabes?, ganar batallas ya vale la pena.