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domingo, 31 de maio de 2015

Una película sobre prostitutas divide a Marruecos

El Gobierno islamista prohíbe el film de un director marroquí antes de que solicite permiso para estrenarlo en el país
Ha bastado la difusión por Internet de cinco extractos de seis minutos pertenecientes a una película sobre cuatro prostitutas en Marrakech para que ardan las redes sociales, para que las juventudes del principal partido opositor, el conservador Istiqlal, se manifiesten ante el Parlamento reclamando su censura, para que se cree una página en Facebook -que ya cuenta con miles de seguidores- donde se pide la muerte del director y la actriz protagonista. En medio de ese escándalo, una delegación del Centro Cinematográfico Marroquí acudió al Festival de Cannes para ver la película y recomendó su prohibición. Y el lunes por la noche el ministerio de Comunicación anunció que las “autoridades competentes” prohibían su difusión en Marruecos.
La obra se titula Much loved. Su director es Nabil Ayouch, de 46 años, uno de los más aclamados en el país, ganador en 2012 de la Semana Internacional de Cine de Valladolid, con Los caballos de Dios, inspirada en los atentados suicidas de Casablanca en 2003. Antes de comenzar el rodaje entrevistó en Marrakech durante un año a más de 300 prostitutas. Las razones que alega el Gobierno del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) para prohibir su difusión es que la obra “comporta un grave ultraje a los valores morales y a la mujer marroquí, además de un atentado flagrante contra la imagen de Marruecos”.
Much loved se acaba de exhibir en el Festival de Cannes, donde no ha despertado mucho entusiasmo. También hay críticos que ensalzan el retrato de una realidad "sin adornos", aunque "tierno y digno". En cualquier caso, en Marruecos casi no se habla de otra cosa. Ayouch ha declarado desde Cannes a este diario a través del correo electrónico que se muestra “sorprendido y triste” respecto a la decisión del Gobierno. “Esto es incomprensible. La prohibición se produce antes de que hubiésemos pedido el permiso de distribución. Esto es censura previa”. En cuanto a la manifestación de las juventudes del partido opositor Istiqlal, Ayouch señala: “No tengo ni idea de por qué se oponen a la película. Viendo las imágenes de esa protesta, no parece que estén muy interesados en ella. Algunos tenían aspecto de no saber qué hacían ahí”.
En algunas escenas se ve a las actrices bailando danza del vientre delante de unos clientes saudíes; en otro momento las mujeres hablan de sexo de forma explícita y en otra escena discuten con sus clientes saudíes sobre Palestina. Para algunos medios, nada de lo que refleja Much loved debería sorprender a nadie, es tan solo un espejo en el que buena parte de la sociedad no quiere mirarse. “Ni Ayouch ni su película son responsables de la prostitución en Marrakech (…) Los marroquíes no serán libres de ver la película porque el ministro de Comunicación ha decidido por ellos”, señala el diario marroquí Libération.
Algunos intelectuales opinan que hace diez años este caso habría suscitado la solidaridad de muchos artistas y periodistas. Nabil Ayouch sufrió en 2003 la censura de su película Un minuto menos de sol, ante la presión de los islamistas y dijo entonces: “No estoy dispuesto a que los islamistas me impongan su modelo de sociedad”.

No obstante, también hay quienes se han expresado de forma muy contundente contra la decisión del Gobierno. Youssef Ziraoui, director editorial de la página marroquí Huffington Post, ha publicado este miércoles un artículo titulado “Yo soy Nabil” en el que señala la paradoja de que el día de la prohibición, Mustafá El Khalfi, ministro de Comunicación y portavoz del Gobierno se encontraba en una gira por Estados Unidos con el objeto de difundir “la dinámica del modelo marroquí de reformas”. Y Mohamed Ezzouak, en el portalYabiladi, señala: “He aquí una idea para la próxima película de Nabil Ayouch, la hipocresía XXL, presente en todas las capas de nuestra sociedad. El castin será fácil, somos 34 millones los que aspiramos a un papel".

venres, 10 de abril de 2015

Acabar con el aborto clandestino en Marruecos

La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo está sobre la mesa de trabajo del rey, que ha convocado a los expertos a reflexionar sobre el tema

Las mujeres de Marruecos tienen ya tradición de reivindicación de derechos. En la imagen una manifestación en Rabat, en el origen del movimiento para pedir reformas sociales al Gobierno de Marruecos en 2011. / Uly Martín
“Abortar no es un lujo ni un privilegio”, afirmaba con vehemencia el director de la prestigiosa revista marroquí TelQuel, Abdellah Tourabi, en un editorial de unas semanas atrás. El periodista argumentaba sobre “el derecho y la libertad de elección de la mujer”, que no interrumpe su embarazo jocosamente, sino sometiéndose a una gran violencia física y psíquica que, en el caso de una operación clandestina, tiene consecuencias más traumáticas aún. “Se trata de un dilema imposible y de una libertad que una mujer desearía no ejercer jamás”, apostillaba el periodista. Y continuaba: “Pero la ley debe estar allí para presentar una opción diferente a la clandestinidad, el traumatismo y la culpabilidad. Otros países musulmanes, como Túnez y Turquía, han dado a las mujeres esa libertad dentro de un cuadro legal que organiza el aborto. Ellos no son menos musulmanes que nosotros o están menos comprometidos con los valores culturales y espirituales. Un pequeño esfuerzo y de reflexión no harían mal a nadie y mejorarían la vida de miles de nuestras conciudadanas”.
Los debates sobre la interrupción voluntaria del embarazo y su posible despenalización han vuelto al centro de la escena marroquí tras la destitución, a mediados de marzo, del ginecólogo Chafik Chraïbi, icono de la lucha contra el aborto clandestino. El profesor fue cesado como jefe de servicio de la Maternidad Des Orangers, en Rabat, tras sus declaraciones para la televisión francesa en las que manifestaba sus convicciones y relataba las condiciones penosas en las que llegaban a los hospitales muchas mujeres tras abortar (o intentarlo) clandestinamente. Hemorragias, pérdida de parte de la pared uterina, infecciones y hasta un importante riesgo para su vida son las consecuencias de estas prácticas no regladas, que se realizan a escondidas de la autoridad y la propia familia. A partir del cese del médico y la polémica en torno al tema, el propio rey Mohamed VI tomó cartas en el asunto y pidió a las “partes involucradas”, incluso a representantes del área de Derechos Humanos, una reflexión profunda que permita modificar la ley (por ahora, solo está autorizada la interrupción terapéutica, cuando la salud de la madre está en peligro). El monarca se ha comprometido a seguir personalmente el dossier.
Mientras tanto, el médico Chafik Chraïbi ha adquirido aun más notoriedad en estas semanas, al punto de ser nombrado como una de las “veinte personalidades” que están construyendo el Marruecos de mañana, porque militan y trabajan por cambios relevantes en la sociedad de su época, según la revista Jeune Afrique. Entre estas personalidades de la ciencia, la cultura, el deporte, la política y la economía figuran algunos de los más fervientes protestones del reino (junto a buenos aliados de la Corona), lo que habla de algunas cosas que de verdad se mueven hacia nuevos horizontes. Cierto es que hay otras —como el proyecto de modificación del nuevo Código Penal— que vuelven a atizar la iracundia de los sectores laicos, porque, en el texto que se baraja, la religión gana terreno en la vida pública cotidiana al penalizarse comportamientos que deberían estar separados del ámbito espiritual.
Uno de esos ámbitos es justamente el de la mujer, lo que debe ella parecer —y aparecer— en la esfera pública; sus deseos (si es que los tuviera) y sus mandatos. El debate sobre la sexualidad y el rol (antes que nada, los mandatos) de la mujer en el espacio público de países con un Estado confesional es, sin duda, mucho más amplio que aborto sí / aborto no. El derecho a la interrupción voluntaria del embarazo constituye, en sociedades como la marroquí, apenas la punta de un iceberg que se hunde en aguas profundas de padres que siguen permitiendo el matrimonio de sus hijas menores de edad, océanos de incomunicación familiar y escasísima educación sexual, deficiente cobertura pública de salud ginecológica (difícilmente se hace una citología de control o una mamografía en un hospital público), falta de reconocimiento de la figura de la madre soltera, condenas penales por juicios morales como las recientes causas por adulterio iniciadas a un periodista y a su amiga (separada pero sin el divorcio tramitado), etcétera.
Hace un par de años pasó por aguas marroquíes el barco-clínica de la ONG Woman on waves, recibido por los activistas marroquíes del Mouvement Alternatif pour les Libertés Individuelles (MALI), pero estas, aunque acciones muy mediáticas (como las de las Femen, hace unos días en en Casablanca) que pueden ayudar a visibilizar una causa, suelen generar más rechazo que adhesiones entre la población local más tradicional.
La interrupción voluntaria del embarazo está aquí condenada penalmente. Cuando un caso se descubre o es denunciado, van a prisión la mujer, el médico y el anestesista que intervienen, y se condena también a la clínica donde se practica. Hasta aquí, nada nuevo: muchísimos países del mundo Occidental (entre ellos, casi todos los latinoamericanos, con fuerte peso político de la Iglesia Católica) prohíben el aborto y condenan a las mujeres que alguna vez deben padecerlo a la clandestinidad, la insalubridad, el riesgo físico y el trauma psicológico. Siempre, con el sesgo de la inequidad social y la desigualdad en el acceso a los servicios básicos de salud, dependiendo del nivel socio-económico de la paciente.
El debate el rol de la mujer en el espacio público es mucho más amplio que aborto sí / aborto no
Ninguna mujer aborta alegremente, para nadie el aborto es un método anticonceptivo ni promueve los “excesos”, que suelen mencionar sus detractores desde la moral masculina que trasciende épocas, países y religiones.
En esto está de acuerdo Zohra Benelfaquih, una tangerina con más de 40 años de oficio en esto de la ginecología y la obstetricia. Es, según ella misma informa, la primera ginecóloga mujer que tuvo Marruecos. Se formó en Valencia, volvió y no se cansa de trabajar en su consulta y militar por los derechos de las mujeres (“el primero de todos, el derecho a la información”), su educación y su fertilidad, cuando es deseada.
“El aborto es un derecho, igual que la procreación. Es un tema de salud pública (y esto ni siquiera en España está conseguido). La mujer que quiera tener niños, que los tenga. Esto es una decisión de la propia mujer. Pero, ¿cómo podríamos hablar del derecho fragmentado únicamente sobre el aborto cuando hay un montón de derechos que están ausentes? Si la mujer no tiene derecho a elegir su pareja, no tiene derecho a divorciarse, no tiene derecho a denunciar malos tratos o a la igualdad en el trabajo ni en su propia casa... Todo esto debería estar incluido en unos derechos generales, sociales, como el de asociación, el de hacer política, el económico, la libertad de creencia. Por lo tanto, si no hay leyes que protejan estos derechos, no podemos hablar de una parcialidad. El aborto es un aspecto parcial. Siempre queda la posibilidad de plantear ¿Qué puedo sacar de esta falta de derechos?”, arranca con contundencia Zohra.
“Estoy segura de que si la mujer no tiene una autonomía económica, que se traduce en autonomía intelectual, no podrá saber cuáles son sus derechos. ¿Qué dirán de ti si te divorcias? ¿Con qué mantendrás a tus hijos si las leyes no contemplan una buena manutención? Hay leyes legales, pero las sociales van paralelo. Y están también las religiosas. La madre soltera no está reconocida en Marruecos y, luego, encuentras bebés en la basura”, continúa.
Hijos ilegales, sin papeles de inscripción porque no vienen de padres casados, hacen que madres y bebés sean víctimas. “El aborto, efectivamente, debería ser un derecho de salud pública y que la mujer que no quiera tener un hijo pueda ir a la sanidad pública”, apostilla la doctora Benelfaquih.
Pero decir sanidad pública en Marruecos es, unas veces, nombrar la utopía, y otras, mentar la imposibilidad de atención y el laberinto de burocracia que solo se atraviesa billete en mano, como sugiere un cortometraje recientemente estrenado en el Festival Nacional de Cine de Tánger, llamado Almas corruptas, de Mehdi El Khaoudy.
De ahí el clamor en boca de Zohra, pero que muchos médicos y no médicos suscribirían: “Todo el mundo tiene que conocer sus derechos. Si estás en una situación de vulnerabilidad y no tienes conciencia de tus derechos, te rindes. Aceptas lo que te piden”.
En cuanto a la práctica cotidiana de la interrupción de embarazos no deseados, lo que hoy sucede es que las mujeres de clase media que pueden pagarse la intervención en una clínica, en condiciones saludables, pagan alrededor de 4.000 dirhams (unos 400 euros) pero, también en estos casos, “como en cualquier acto quirúrgico, puede haber complicaciones”, apunta la médica.
Médicos, asociaciones y medios de comunicación reclaman el fin de las prácticas que ponen en riesgo físico a las mujeres
La interrupción terapéutica sí está contemplada por ley, cuando el embarazo puede significar una causa de agravamiento de algún problema de salud de la madre (mujeres que están en diálisis, con lupus, tratamientos medicamentosos contrarios a la evolución del embrión o con cáncer, por ejemplo). Explica Zohra: “Si una mujer tiene cáncer, yo ginecóloga y el oncólogo tenemos que certificarlo, enviar esas certificaciones al delegado de la Sanidad Pública y al juez y que la autorización para el legrado venga del juez. El cáncer avanza y el embarazo, también. Estas son las dificultades. A nivel de práctica, esto es inviable”.
“La píldora del día después aquí sí existe y se vende en farmacias, pero para quien sabe de ella”, responde a nuestra pregunta. La doctora Benelfaquih, como los demás ginecólogos implicados en la lucha contra la clandestinidad, abogan por la educación sexual y la prevención. Pero sabemos que el discurso social es muy resistente.
Amplios y muchos son los frentes femeninos de obediencia y resistencia, porque en la mayoría de los casos son lo uno y lo otro al mismo tiempo. Es verdad que resulta difícil abordar un derecho como el del aborto (porque el cuerpo es el de la mujer y únicamente de ella) de manera parcial, cuando la sexualidad no se reconoce como un asunto de mujeres en el espacio público. La propia sexualidad está en manos de otros, toda vez que un juez y un médico puedan certificar que la psique y el aparato genital de una niña de 13 años están “maduros” para que los padres puedan casarla. Sin embargo, algo se mueve en el norte de África (la reforma del código de familia, la Mudawana, fue una buena noticia, aunque con algunos resquicios legales) y por algún lado hay que empezar, o continuar: el tema del derecho al aborto como parte del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo empieza a estar en boca de los jóvenes universitarios, en los debates públicos, en los medios, en la calle y en la mesa de trabajo del Rey.

“Hay debates que hacen crecer a una sociedad y le permiten salir de ciertos impasses. El debate sobre el aborto y su legalización forman parte de esta tendencia. No se trata de una reivindicación menor, sin importancia ni efectos reales, sino sobre todo de una necesidad (…). Mirar para otro lado y escudarse en posturas morales no permite resolver el problema, en absoluto. Esto no hace más que agregar hipocresía a la desgracia e incitar a la inercia allí donde hace falta actuar”, culmina el alegato del periodista de TelQuel.

martes, 7 de abril de 2015

«O veo tápanos a cabeza, non a mente»

Reivindican  a súa condición de mulleres e de musulmás. Dúas realidades que teñen que conxugar cunha contorna marcada polos estereotipos. Ademais, a comunidade islámica segue marcando as pautas. Elas queren elixir o seu propio camiño. 
Mila Méndez 06 de abril de 2015. La Voz de Galicia

«Vinche conducindo e levabas veo». Isto é o que lle dixo hai pouco unha muller en Pontevedra a Fátima Mlibda. Cando conta estas anécdotas non pode evitar sorrir. A Souad Nahil un cliente empezoulle a falar con xestos aínda despois de que ela se dirixise a el nun perfecto castelán. Galicia é a terceira comunidade de España con menos residentes musulmáns e, xa que logo, con menos musulmás. Aínda non nos familiarizamos con elas e iso que algunhas levan aquí anos. 
Tanto os pais de Fátima como os de Souad chegaron de Marrocos a finais dos 80 atraídos polo traballo no mar ou os transportes. Elas sumáronse despois coas súas nais. Son a segunda xeración. A que intenta integrarse sorteando os estereotipos da sociedade receptora e, ao mesmo tempo, as fortes tradicións que imperan na súa contorna. 
«Queremos que nos coñezan», conta Souad. O rol da muller musulmá en Galicia, e no resto de España, caracterizouse pola súa escasa visibilidade. Hai poucas estatísticas sobre a súa actividade e influencia. Adoitan illarse máis nas súas comunidades ou nas súas familias. Un papel que, parece, queren cambiar. «Levo aquí desde nena e se como son os galegos, con todo a maioría non ten nin idea de como son eu. Estes días estou a asistir a un curso que imparte a Cámara de Comercio de Pontevedra. Un dos meus compañeiros confesoume que nunca pensou que fose tan intelixente o día que me coñeceu», di unha aínda sorprendida Souad. Ela ten xa a nacionalidade española e como outras tantas mozas españolas acaba de quedar no paro. Comparte piso coa súa irmá en Vigo, para aforrar gastos, e séguese formando. 
«Fixen un curso de técnico de raios, traballei no departamento de control de calidade dunha empresa ata hai pouco e houbo unha época na que incluso compaxinei dous empregos». Con 29 anos, non se casou. «Os meus pais insinúanme ás veces que o vaia pensando, pero aínda teño outros obxectivos». Un deles é a asociación Mozas Musulmás en Galicia. Acábana de fundar e suman xa unhas trinta socias.  Fátima é a presidenta. «Non queremos dar pena nin que crean que por levar este veo somos sumisas, que estamos oprimidas. Cóbreme a cabeza, non a mente», subliña. 
Estes días non pairan. Deron unha charla na Cruz Vermella e na praza da Peregrina colocaron mesas informativas. A maioría están ou estudaron unha carreira ou un ciclo formativo. Son novos, teñen entre 19 e 30 anos. A dúbida é ¿cando casen poderán seguir facendo o mesmo? Souad insiste aquí na súa autonomía. «Temos máis independencia da que pensades. Non nos manda ningunha mesquita nin ningún home, isto facémolo nós». 
Non se atreve , con todo, a definirse como feminista. «Reivindico o papel das mulleres, grazas a elas prosperan as sociedades». Fátima incide no mesmo: «Non estamos encerradas nas nosas casas, a proba é que nos esforzamos por ter un futuro mellor». É neste momento cando fai unha paréntese. «Hai moita confusión con termos por exemplo a yihad. Moi poucos saben que o seu significado en árabe é esforzo. Esforzarme é o que fago eu por estudar, por buscar traballo e por axudar aos meus pais, non o que fan un grupo de tolos». 
Non son alleas ás noticias que estes días se repiten. Cada semana coñecemos un caso novo de mozos, entre eles tamén mulleres, que son recrutados polo Estado Islámico en España. Hai casos en Ceuta e Melilla, pero tamén en Barcelona, Ávila, Cidade Real ou Badalona, onde foron detidos dous irmáns e tamén os seus pais. «Amólame que teñamos que pagar polo que fan catro personaxes», remarca Fátima. «Eu, nos meus 21 anos, non vou coller e deixalo todo. As mozas que están a recrutar son a maioría moi novas e influenciables. Fanlles un lavado de cerebro. Desde logo danme moita pena, non saben o que lles espera. ¿Como me vou ir eu a un país que está en guerra como Siria?». Os atentados contra a revista francesa Charlie Hebdo ou contra o Museo do Bardo, en Tunisia, fixeron rebrotar a islamofobia. «O problema é que non entenden o Islam, interprétano como queren. A nós tamén nos afecta. As mulleres tamén sofren a violencia», di Salma, unha estudante musulmá de 20 anos. 
Outra universitaria, Nassima, engade: «Sempre me sentín moi famosa. Cando paso a xente detense e mírame. Supoño que por curiosidade. Tras o ataque de París houbo uns días nos que as miradas eran diferentes, como atacantes. O venres desa semana, despois de clase, fixen a maleta e funme a coller o autobús para irme a casa. Paseino moi mal. Púxenme nerviosa e case me confundo de parada. Logo, dentro, a radio estaba tan alta? Desde entón non uso maleta nin mochila, prefiro levar moitas bolsas. Todo isto é unha dor dobre. Por unha banda ves que o Estado Islámico mata a xente inocente, incluídos musulmáns e, por outro, venche como unha terrorista». Tras media vida en Galicia, non se expoñen regresar ao país no que naceron os seus pais. «Sempre me sentín integrada, os meus amigos son españois e á parte dalgunha que outra anécdota nunca vivín ningún tipo de rexeitamento. Talvez son afortunada por vivir en Vigo e non nun pobo ou nunha cidade máis grande», opina Souad. Fátima, que terminou o ciclo de Comercio e Mercadotecnia, asente. «Nunca vou esquecer que son marroquí, pero non teño pensado volver. Tería que empezar de cero. A miña vida está aquí». 
Nassima sabe que nunca pasa desapercibida. No medio dos corredores repletos de estudantes apurados polos exames destaca o seu rostro risueño e sereno. Iso e o veo dun intenso verde que cobre a súa cabeza. «Son unha das primeiras alumnas en Filoloxía que o leva», presume. Non se separa do seu cartafol da USC mentres nos conta como en clase todos os profesores a coñecen, «sempre din: ti, a que está á beira de Nassima». Estuda Lingua  e Literatura Modernas. Pronuncia cada palabra dunha forma tan natural que custa descubrir na súa entonación os sinais do seu árabe natal. Como a maioría de musulmás en Galicia é de Marrocos. Máis ou menos. Chegou aquí con apenas dez anos e cando lle preguntas a que lugar séntese máis vinculada a súa resposta non pode ser máis galaica. «Depende do día», solta. 
Ela é a primeira da súa casa que chega á Universidade. «Para a miña nai é un soño. Si pregúntasme a quen admiro máis che digo que a ela. Deixouno todo, a súa familia, a súa vida, para darnos un futuro mellor. En Safí chegábanos co soldo do meu pai. Aquí non, é limpadora», apostila. En Santiago a primavera non impide que as nubes fagan acto de presenza. As nubes e a choiva. «Co veo, mira, mato dous paxaros dun tiro. Móllome moito menos», chancea mentres intenta quitarlle importancia á pregunta que protagoniza a conversación, ¿Por que o veo? Xunto a Nassima espéranos Salma. Está en segundo de Administración e Dirección de Empresas. Ela non o leva. O seu pelo ondulado móvese libremente e cun punto de rebeldía que se compasa coa súa personalidade. Firme e madura aos seus escasos vinte anos. «O ano pasado empecei a buscar traballo e o veo era un obstáculo así que decidín quitarmo. En casa respectáronme, dixeron que era a miña decisión». 
Salma é de Casabranca, aínda que vive en Ordes desde nena. «Ir a Marrocos ás veces é incómodo. A xente machúcache máis, sobre todo nos barrios máis periféricos. Aquí séntome máis eu. Podo dicir que non me quero casar e non pasa nada. Alí diríanme que vou polo mal camiño». ¿É o Islam machista? Ao formular a pregunta as dúas contestan: «Non». «Hai que distinguir a relixión da cultura. Os países árabes sempre foron moi machistas, pero iso non é polo Islam. A educación é fundamental para o progreso. Alí una das miñas tías está divorciada e non pasa nada», di Nassima. «Gustaríame ver avanzar as cousas. Claro  que é machista que castiguen a unha muller por pór os cornos», responde Salma. queda un momento pensando e engade: «O Corán tamén ten que actualizarse. Na época de Mahoma non había universidades. Agora si. No meu país tamén hai cada vez máis mulleres nas aulas». Volvendo ao yihab,  Nassima remarca: «Púxenmo aos 19, xusto antes de empezar na universidade. Oxalá toda Galicia fose como a miña facultade, aquí non me sento tan observada». Sobre a súa imposición en adolescentes, matiza: «Creo nunca se debería pór antes dos 15 ou 16 anos, que é cando empezas a ter o teu propio criterio para decidir o que queres. Verllo o a nenas máis pequenas paréceme precipitado. Cando mo puxen a miña nai non parou de chorar, non quería que me discriminasen». Os pais de Fátima vivírono de forma parecida: «Non llo esperaban. Para min foi unha forma de reafirmarme. Ninguén ten que liberarme de algo que eu elixín. ¡E que conste que me gusta moito arranxarme!», exclama. Quen ten decidido non recuperalo é Salma. «Con el era a moza de veo que non saía. Son marroquí, pero agora ando con xente de aquí. A miña nai, que non o levaba en Casabranca, púxollo en Galicia para evitar que a xulgasen». Á beira de Marrocos, en Tunisia, acábase de celebrar o Foro Social Mundial no que estivo a xornalista e experta no mundo árabe Montserrat Boix. «Tunisia acaba de aprobar a paridade na súa Constitución. A maioría das mozas tunisianas coas que me crucei non levaban veo. Non podemos esquecer que en moitos países árabes as mulleres loitan polo dereito a non vestilo. Pensar que se é máis musulmá por usalo tamén é un estereotipo. Á fin e ao cabo a súa misión é a de ocultar». Boix, coordinadora tamén de Mulleres en Rede, engade: «A comunidade musulmá en España é unha das máis conservadoras. O importante é que o que fagan sexa con autonomía». Yashmina Shawki, xornalista galega filla de pai kurdo, apunta: «Coñezo a mulleres integradas e sen veo. Si pono tan novos creo que non se trata dunha elección propia». 

A hora de descanso vaise terminando. «A verdade é que non quero casarme, sería coma se cortásenme as ás», escápaselle a Salma. Ten as ilusións  dunha moza de 20 anos. Quere facer un máster en Relacións Internacionais. Nassima obsérvaa mentres fala. O seu soño é seguir aprendendo idiomas. 

xoves, 19 de marzo de 2015

Mohamed VI abre un proceso de discusión sobre la legalización del aborto en Marruecos

En Marruecos se practican entre 600 y 800 interrupciones del embarazo al día
El aborto solo se puede practicar si la vida de la madre corre extremo peligro
Médicos, colectivos y partidos políticos abogan por un aborto sin riesgos
REBECA HORTIGÜELA Especial para EL MUNDO Rabat 17/03/2015

"Los abortos kamicaces son la principal causa de mortalidad materna. Las mujeres con más recursos económicos pueden interrumpir su embarazo en clínicas privadas o consultorios médicos, pero las que no tienen recursos se ven obligadas a abortar engañadas por charlatanes o llevando a cabo una interrupción de emergencia con métodos salvajes y peligrosos", cuenta AMLAC - Asociación Marroquí en Lucha Contra el Aborto Clandestino- a este periódico después del gran debate nacional sobre el aborto que se celebró ayer en Rabat y dio comienzo a un mes de discusiones sobre la legalidad del 'ijthad' (aborto) en el país alauí.
El aborto es 'haram', algo prohibido en Marruecos. Pero no por eso se práctica menos. Entre 650 y 800 interrumpen el embarazo al día y el 4,5% de las muertes relacionadas con la maternidad se producen durante la ejecución de esta práctica. El colectivo 'Droit de la Santé', Derecho a la salud, lo tiene claro. "En Túnez el aborto es legal desde 1973 durante los tres primeros meses del embarazo y se práctica 30 veces menos. Queremos una ley del aborto como la tunecina. Que cualquier mujer pueda decidir sobre su propio cuerpo, siempre y cuando esté en las primeras doce semanas de gestación y 20 semanas en casos de malformación del feto", cuente a EL MUNDO Aziz Rhali, coordinador adjunto del colectivo Derecho a la Salud.
El precio de la intervención oscila entre 200 y 1400 euros. De ahí que las mujeres más humildes tengan que acudir a técnicas realmente peligrosas como la de la hemorragia provocada o el uso de plantas medicinales no siempre probadas anteriormente y que pueden dejar en la matriz de la mujer graves secuelas.
Hasta la fecha, sólo se puede practicar sin acabar en la cárcel si la madre se encuentra en peligro extremo. Si no, las mujeres pueden ser castigadas con penas entre seis meses y dos años de prisión y el practicante podría pasar de uno a cinco años entre rejas. Así lo contemplan los artículos 449-504 del Código Penal. Ahora, por primera vez desde 2009, cuándo se llevó al parlamento la legalización del aborto sin éxito, se vuelve a abrir el debate.
Mohamed VI abre la veda hacia la legalización
'Por un Marruecos más justo. Aborto sin riesgos', rezaban las pancartas que acogían el debate sobre el aborto iniciado ayer en la Bilbioteca Nacional de Rabat en el que intervinieron médicos expertos en está práctica, colectivos de defensa de la mujer y representantes de todos los partidos políticos de Marruecos. Cuando acabo el acto, el Rey Mohamed VI difundió un comunicado, a través de la agencia MAP, en el que afirmaba que comienza un plazo máximo de un mes para "establecer reuniones y consultas con la población civil" sobre la interrupción del embarazo y presentar propuestas. Parece que esta vez va más en serio la decisión de modificar la legislación marroquí que incrimina a las mujeres que se ven obligadas a abortar bien debido a la gran presión social y familiar que muchas de ellas cargan a sus espaldas por quedarse embarazas fuera del matrimonio o incluso ser fruto de violaciones.
Este proceso de reforma de la ley del aborto se produce tan solo semanas después de que el doctor Chafik Chraibi, fundador de AMLAC fuera destituido, por parte del gobierno marroquí, de sus funciones como jefe de los servicios de maternidad por explicar en un documental para la cadena francesa France 2.
Falta de educación sexual
Para la activista Aicha Chenna, fundadora del colectivo 'Solidarité Féminine' y una de las más activas en la polémica de las madres solteras en Marruecos, el problema del aborto viene de la escasez de educación sexual que se da en las escuelas. Según su testimonio, las altas tasas de aborto, abandono de niños y mujeres que se quedan embarazas fuera del matrimonio se debe a la ausencia de educación sexual en los colegios en edades en las que tanto los niños como las niñas se deberían formar en el uso de anticonceptivos, prevención de enfermedades sexuales y los riesgos de ejecutar una interrupción del aborto en manos de charlatanes que usan medios salvajes.
El Islam no prohíbe estrictamente el aborto, igual que tampoco prohíbe el uso de anticonceptivos. Sin embargo, en algunos casos son los imanes y líderes religiosos los que adoctrinan en contra del aborto, tal y como nos explican algunos colectivos a favor de su legalización.
Mohamed VI abre la veda hacia la legalización
'Por un Marruecos más justo. Aborto sin riesgos', rezaban las pancartas que acogían el debate sobre el aborto iniciado ayer en la Bilbioteca Nacional de Rabat en el que intervinieron médicos expertos en está práctica, colectivos de defensa de la mujer y representantes de todos los partidos políticos de Marruecos. Cuando acabo el acto, el Rey Mohamed VI difundió un comunicado, a través de la agencia MAP, en el que afirmaba que comienza un plazo máximo de un mes para "establecer reuniones y consultas con la población civil" sobre la interrupción del embarazo y presentar propuestas. Parece que esta vez va más en serio la decisión de modificar la legislación marroquí que incrimina a las mujeres que se ven obligadas a abortar bien debido a la gran presión social y familiar que muchas de ellas cargan a sus espaldas por quedarse embarazas fuera del matrimonio o incluso ser fruto de violaciones.
Este proceso de reforma de la ley del aborto se produce tan solo semanas después de que el doctor Chafik Chraibi, fundador de AMLAC fuera destituido, por parte del gobierno marroquí, de sus funciones como jefe de los servicios de maternidad por explicar en un documental para la cadena francesa France 2.
Falta de educación sexual
Para la activista Aicha Chenna, fundadora del colectivo 'Solidarité Féminine' y una de las más activas en la polémica de las madres solteras en Marruecos, el problema del aborto viene de la escasez de educación sexual que se da en las escuelas. Según su testimonio, las altas tasas de aborto, abandono de niños y mujeres que se quedan embarazas fuera del matrimonio se debe a la ausencia de educación sexual en los colegios en edades en las que tanto los niños como las niñas se deberían formar en el uso de anticonceptivos, prevención de enfermedades sexuales y los riesgos de ejecutar una interrupción del aborto en manos de charlatanes que usan medios salvajes.

El Islam no prohíbe estrictamente el aborto, igual que tampoco prohíbe el uso de anticonceptivos. Sin embargo, en algunos casos son los imanes y líderes religiosos los que adoctrinan en contra del aborto, tal y como nos explican algunos colectivos a favor de su legalización.