Amosando publicacións coa etiqueta Quenia. Amosar todas as publicacións
Amosando publicacións coa etiqueta Quenia. Amosar todas as publicacións

domingo, 15 de marzo de 2015

El dinero de Kenia cabe en un móvil

El sistema M-Pesa ha revolucionado el comercio en el país africano

Es el momento de hacer negocios en la lustrosa barra de bar de un hotel de mochileros en Kilifi, localidad costera de Kenia famosa por sus playas y su ambiente distendido. Suena música electrónica sudafricana de fondo y los clientes se reparten entre la piscina y los mullidos sofás de estampados étnicos. Pero en la barra se tratan asuntos serios: la señora Emma Anne ha llegado para cobrar la compra que el establecimiento realizó en su puesto de verduras unos días antes. Sobre la bruñida madera, sin embargo, no se ve moneda o billete alguno: en el juego solamente entran un par de teléfonos móviles.
A Emma Anne le pagarán por medio de M-Pesa (M de móvil y pesa, dinero en suajili), un sistema que permite a los usuarios transferir fondos utilizando sus terminales y que mueve al día 20 millones de euros en transacciones según Safaricom, que con un 80% de cuota de mercado es la mayor operadora móvil del país.
El gigante Vodafone desarrolló la plataforma M-Pesa para Safaricom en 2007 con un propósito muy concreto: crear un sistema para que las mujeres kenianas del ámbito rural, habituales receptoras de microcréditos, pudieran cobrar y devolver los préstamos de manera más rápida y segura.
El último informe anual de la compañía señala que, a diciembre de 2014, ya hay 19 millones de kenianos —alrededor de un 40% de la población— que utiliza M-Pesa para enviar y recibir dinero, pero también para pagar facturas, multas, seguros médicos, colegios, para recibir nóminas, pagar la gasolina, la compra y un sinfín de servicios más. Según la asociación GSMA, en marzo de 2014 se llevaron a cabo en el país africano 73,9 millones de transacciones móviles (la mayoría a través de M-Pesa) por valor de 192.600 millones de chelines (1.605 millones de euros).
Recientemente se ha empezado a utilizar esta cartera virtual para ahorrar y, aunque almacenar dinero no genera intereses, un 75% de los usuarios afirma utilizarlo con este fin, según Safaricom.
¿Cuál ha sido la clave del éxito de este sistema? "Yo prefiero que me paguen a través del móvil porque así evito que me roben en el mercado", explica la señora Emma Anne. "Yo envío dinero a mi hermano universitario todos los meses sin necesidad de ir al banco a esperar colas o de llevárselo en persona", añade Stephen Mrabu, gerente del hostal de Kilifi. Razones que comparten la mayoría de los usuarios; además las comisiones son menores que en las transferencias tradicionales.
Desde sofisticados establecimientos en Nairobi hasta humildes casetas de madera y cemento pintadas de verde y blanco, las 81.000 oficinas que Safaricom ha abierto están en los rincones más insospechados de Kenia. En la isla de Lamu, de apenas 20.000 habitantes y situada en la provincia más pobre de todo el país, es habitual leer el letrero de M-Pesa en muchos de sus callejones. La de Mohamed, en el paseo marítimo, ofrece además impresión de documentos y recargas de saldo. Mohamed explica cómo se abre una cuenta, algo que puede hacer cualquiera, sea keniano o no. "Solo necesito un carnet de identidad o pasaporte y un domicilio", asevera. El trámite no tiene coste alguno; Mohamed toma los datos y crea la cartera virtual a nombre del interesado. Después, este puede depositar en su cuenta la cantidad de dinero que desee y, una vez que el agente M-Pesa lo haya convertido en dinero virtual, ya puede transferir a otros clientes o pagar por bienes y servicios.
Otra de las ventajas del M-Pesa es que permite realizar pagos muy pequeños, desde 10 céntimos de euro al día hasta 1.500. En un país donde muchos trabajadores que viven en las ciudades mandan remesas a casa de sus familias en el campo, y donde es muy posible que estos no cuenten con oficinas bancarias o no puedan abrirse una cuenta, M-Pesa se ha convertido en una herramienta indispensable. "Hay quien no puede acceder a una tarjeta de débito, pero ¿quién no tiene un teléfono móvil hoy en día?", observa Mrabu, en cuyo hotel no se admite el pago con visas ni mastercards pero sí con el móvil. Tiene razón: según un estudio de la compañía Ericsson, a finales de 2014 ya había más de 635 millones de usuarios de telefonía móvil en África subsahariana, una región con 936 millones de habitantes donde las infraestructuras no siempre son óptimas y a veces dificultan la comunicación. El Banco Mundial calcula que tan solo un 22% de mujeres y un 27% de hombres tienen acceso a una cuenta bancaria.
Los servicios que da la compañía no paran de crecer. En 2014 se ha desarrollado una nueva línea llamada Lipa Na M-Pesa (Pague con M-Pesa), que no es sino la versión para empresas de este sistema. El autónomo o empresario que se adhiera recibe un número de identificación que habrá de tener bien visible en su establecimiento. Los clientes que paguen servicios por este sistema, se ahorran las comisiones. Para incentivar su uso, Safaricom regala minutos de voz a los motoristas que pagan mediante el móvil por cada compra de gasolina superior a cinco euros. No sólo los pequeños emprendedores como Emma Anne lo utilizan; la filial local del gigante del alcohol Diageo, que distribuye cerveza a bares kenianos, insta a sus empleados a utilizar M-Pesa para que no tengan que llevar encima todo el dinero durante sus rutas.
El éxito de este sistema ha llamado la atención en otros países. En Tanzania, donde se implantó en 2008, unos 3,6 de sus 11,6 millones de usuarios de Vodafone ya lo utilizan. Además, M-PESA está presente en otros países africanos como Sudáfrica, República Democrática del Congo, Zimbabue, Madagascar, Ruanda o Camerún, y ha traspasado las fronteras del continente para llegar a lugares como Fiji, Qatar, Afganistán, India y, más recientemente, Rumanía, donde se implantó en 2014.
Lo que empezó siendo un sistema informal de intercambiar dinero se ha convertido en un fenómeno revolucionario en el continente africano y fuera de él. Incluso la Fundación Bill y Melinda Gates para el desarrollo hizo mención en su carta anual de 2015 a este nuevo banco de los pobres y advirtió que, para 2030, unos 2.000 millones de personas que hoy día no disponen de una cuenta bancaria podrán utilizar sus terminales para comprar cualquier tipo de producto y tener mayor control sobre sus activos. "La clave de todo esto serán los teléfonos móviles", aseguran. En Kenia, esa premonición ya es una realidad.


domingo, 22 de xuño de 2014

Lamento por el elefante Satao

El exterminio de un animal legendario en Kenia recuerda que el tráfico de marfil se
cobró 20.000 ejemplares en África en 2013
ONG y Gobiernos se unen para salvarlos
JOSÉ NARANJO Dakar 22 JUN 2014
El pasado 20 de mayo, la Policía senegalesa detenía a Eloi Sokoto Siakou y Modou Sarr en el mercado de Soumbedioune (Dakar). Entre ambos llevaban 380 pulseras de marfil, un total de seis kilos y medio, que tras su venta les podían haber reportado unos 7.600 euros. Ahora están en prisión.
Más o menos por esas fechas, pero en Kenia, en el otro extremo de África, un enorme elefante de 45 años que vivía en el parque nacional Tsavo y al que los guardias conocían con el nombre de Satao era abatido por cazadores furtivos que usaron flechas envenenadas para matarlo. Su cuerpo apareció el 30 de mayo salvajemente mutilado: le habían arrancado sus enormes colmillos. Estas son las dos caras de una misma moneda, el tráfico ilegal de marfil que amenaza seriamente la supervivencia de esta especie (20.000 ejemplares abatidos sólo en 2013), un problema que, sin embargo, los países africanos empiezan a tomarse en serio.
Satao, un macho adulto con unos colmillos de unos 45 kilos cada uno, era muy conocido por los turistas que visitaban el parque keniano. “Una gran vida perdida para que alguien, en algún lugar lejano, pueda lucir un adorno en la repisa de su chimenea”, según aseguran desde la ONG Tsavo Trust, que lo seguía desde hacía años. La imagen de su triste final ha dado la vuelta al mundo y ha vuelto a poner el foco sobre un problema mucho más grande que el gigante Satao: el tráfico ilegal de marfil, que mueve unos 10.000 millones de dólares cada año. Se calcula que hace un siglo había unos 10 millones de elefantes en África. En la actualidad, quedan tan solo unos 400.000 y en diez años esta cifra podría reducirse en un 20%. La demanda de marfil procede sobre todo del sudeste asiático, de países como China, Tailandia o Vietnam, que transforman este preciado material en objetos decorativos y adornos corporales y luego lo distribuyen en sus mercados internos o lo exportan al resto del mundo.
Los matan de muchas maneras. Echando cianuro en sus puntos de abastecimiento de agua, con flechas envenenadas o escopetas, e incluso disparándoles desde el aire, como ocurrió en 2012 en la República Democrática del Congo con 22 elefantes masacrados desde helicópteros. En ocasiones ocurre con la connivencia de los propios guardias que debían protegerlos y los protagonistas son cazadores furtivos que proceden de la población local y se ven tentados por grandes sumas de dinero. Además, en ciertos países se trata de un tráfico vinculado a la obtención de fondos para la financiación de grupos armados, como ocurre por ejemplo en Sudán, Etiopía y Uganda. Y normalmente el problema está asociado a la escasez de medios materiales (guardias, vehículos, tecnología) de los propios Gobiernos africanos para hacer frente a esta caza furtiva a gran escala.
Y, aun así, hay lugar para la esperanza. Según el convenio CITES (Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre), la cifra de elefantes abatidos por los furtivos ha descendido ligeramente desde 2011, pasando de 25.000 a 20.000 ejemplares, mientras que el número de decomisos ha aumentado, alcanzándose las 16.000 toneladas en 2013. Ese mismo año, los países africanos decidieron adoptar 14 medidas de urgencia para proteger a los elefantes e incrementar las penas a los cazadores y traficantes. La reunión tuvo lugar en Botsuana, país que meses después de la publicación de la foto del entonces rey Juan Carlos con un elefante abatido en un safari, decidió prohibir esta práctica. Gabón, Zimbabue o Kenia, por citar algunos, están ya imponiendo penas de decenas de miles de euros a quienes son pillados traficando con marfil.
El comandante Abba Sonko es el responsable de la aplicación del convenio CITES en Senegal. “Es una enorme responsabilidad. En este país queda una población muy reducida de elefantes, apenas tres grupos familiares en el parque Niokolo-Kobá, cerca de la frontera con Guinea, pero sabemos que por nuestro puerto entra marfil procedente de otros países. Estamos siendo lo más severos que podemos para proteger a los ejemplares que aún viven en nuestro país, que son importantes para nuestra oferta turística, pero también para mantener el equilibrio ecológico”, asegura. La detención de dos traficantes el pasado mes de mayo es la primera gran acción llevada a cabo por las autoridades de Senegal en colaboración con la ONG francesa proyecto GALF, un ejemplo más de que las cosas empiezan a cambiar.

luns, 3 de febreiro de 2014

Deportista solidario en África


El cordobés José Luis Cano Castiñeira es el principal impulsor del proyecto Just a Lifestyle, que lo ha llevado hasta Kenia y Tanzania
MANUEL RUIZ DÍAZ 03/02/2014 Diario Córdoba

"Llegué a África con una maleta cargada de ilusión y mucha energía", recuerda José Luis Cano, un cordobés de 27 años empeñado en difundir por todo el mundo los valores del deporte través del proyecto Just a Lifestyle.
José Luis es licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Durante los dos últimos dos antes de su viaje a África vivió en Londres, donde trabajó para el Comité Olímpico en los Juegos de Londres 2012. Fue en esa etapa cuando comenzó a soñar con un proyecto propio, que con el tiempo ha logrado poner en marcha.
El sueño de José Luis se llama Just a Lifestyle. Él es el principal impulsor de una idea tan sencilla como ambiciosa: "Fomentar y promover el deporte como estilo de vida y así ayudar a la sociedad y a las personas más necesitadas, transmitiendo los valores que la práctica deportiva aportan a nivel personal y el poder de ellos sobre la sociedad".
Un sueño que vio claro el pasado 5 de octubre, cuando se enfrentó a un desafío para el que se estuvo preparando durante mucho tiempo, el Ironman Londres 2013, la prueba más exigente del triatón: 3.800 metros a nado, 180 kilómetros en bicicleta pedaleando y 42 kilómetros corriendo. "Entonces comenzó todo", señala José Luis. Fué cuando voló hacia tierras africanas, a Kenia, para estudiar la cultura del atletismo en el distrito de Eldoret, al oeste del país. En los últimos años, algunos medios se han referido a Eldoret como "El Dorado" del atletismo en África. De allí han salido más medallistas en competiciones internacionales de media y larga distancia que de cualquier otra zona del planeta. José Luis vivió durante un mes rodeado de los mejores entrenadores y atletas del mundo y conviviendo día a día con el actual presidente del Comité Olímpico de Kenia, Kip Keino.
En Kenia vivió "una experiencia inolvidable, entrenando a niños que sueñan con ser atletas y poder salir de la pobreza y ayudar a sus comunidades --recuerda--, asistiendo a algunos de los mejores entrenadores y atletas del mundo, entrenando con ellos y estudiando la cultura keniana del atletismo".
Después de Kenia llegó Tanzania, donde ha trabajado como voluntario en un orfanato. Hace solo unas semanas, José Luis regresó a Córdoba, pero tras la experiencia africana, Just a Lifestyle no ha hecho más que empezar. "Nos esperan muchos rincones del mundo en los cinco continentes, donde demostrar --explica este cordobés-- que el deporte es la unión más clara entre diferentes culturas, razas y religiones. Que a través del deporte se puede conseguir un mundo mejor".
José Luis ha registrado Just a Lifestyle como asociación sin ánimo de lucro. En la actualidad, trabaja intensamente para dar a conocer su proyecto a instituciones y empresas que se impliquen en futuras iniciativas, la más inmediata lo podría llevar al Tibet.
Mucha gente que ya conoce el proyecto solidario de José Luis, supo de él a través de internet (http://justalifestyle.com), donde el cordobés lo explica todo, y donde ha ido relatando sus experiencias en África a través de un blog.
En Tanzania, José Luis se desplazaba cada mañana a Morombo, un lugar en las afueras, a una hora de Arusha, la ciudad en el norte del país donde vivía en una casa con voluntarios de varias organizaciones internacionales. Para desplazarse, José Luis tomaba un dala-dala, que es como se llaman en el idioma local unos viejos furgones cargados de gente hasta los topes, que hacen la función de transporte público. En Morombo está el orfanato a donde el cordobés llegó con su Just a Lifestyle en la mochila.
Con solo cuatro años, José Luis, perdió a su padre. "Supongo que eso me sensibilizó e hizo que siempre me haya sentido indetificado de algún modo con los niños huérfanos --explica el joven--, empujándome a comenzar a desarrollar Just a Lifestyle precisamente con ellos".
Los días que llegaba temprano, José Luis daba a los niños clases de matemáticas e inglés, pero lo mejor llegaba cuando, en un gran descampado cerca del orfanato, situado en un barrio marginal, les enseñaba nuevos deportes y formas de pasarlo bien con juegos y actividad física. "Disfrutan muchísimo, corren, juegan, rien. Adquirir hábitos adecuados de actividad física desde pequeños será determinante para su salud, control emocional y prevención de enfermedades", cuenta el cordobés. "Es muy importante que disfruten a través del deporte, que adquieran valores de disciplina, superación, trabajo en equipo y respeto entre compañeros", añade.
José Luis llevó a aquel rincón de África las reglas del fútbol, balonmano, baloncesto o el atletismo. A algunos de estos deportes, los huérfanos de Jitihada jugaban por primera vez.
LOS JUEGOS DE MOROMBO
Un día, nuestro cordobés habló a los niños sobre los Juegos Olímpicos, que él mismo había vivido en primera persona en Londres 2012. Les habló sobre la competición y los valores que transmite a todo el mundo.
Los chavales se entusiasmaron y José Luis acabó organizando los primeros Juegos Olímpicos Just a Lifestyle en Morombo, Tanzania. "Disfrutaron de su primera competición, su primera meta, su primer podium".
Con la ayuda de todos, José Luis construyó una canasta de madera para que los niños descubrieran un nuevo deporte que no conocían. "Ahora, muchos quieren ser de mayores jugadores de baloncesto. El deporte les ha enseñado a sonreír y a mí, una vez más, me ha demostrado lo importante que es y el poder que tiene para generar cambios", insiste este joven deportista.
Tras su experiencia, José Luis es consciente de que ha recibido tanto o más de lo que fue a dar. "La vida en África no es diferente, es que es otro mundo --nos cuenta--. Un mundo en el que la falta de recursos, posibilidades y oportunidades ha moldeado a una sociedad que ha aprendido a ser feliz sin tener nada".

domingo, 20 de outubro de 2013

Arte para iluminar África

El keniano Evans Wadongo presenta en la feria PAD de Londres su diseño de lámpara solar en una instalación que une moda con ingeniería
FLOR GRAGERA DE LEÓN Londres 20 octubre 2013
Evans Wadongo (1986) caminaba diez kilómetros cada día para asistir a su escuela. Y relata que fue afortunado porque sus padres, ambos maestros, podían permitirse comprar queroseno para alumbrar una lámpara con la que estudiar por las noches en su casa de barro y sin agua corriente, situada en una zona rural al oeste de Kenia. El ingeniero tiene ahora graves problemas en la vista por culpa del humo que emanaba del artefacto, que además puede provocar daños respiratorios e incluso cáncer de garganta y de pulmón, o incendios en viviendas que están construidas de hierba y de madera. Cuanto más estudie un chaval, mayor será el riesgo para su salud.
Wadongo llegó a la universidad y fue entonces cuando decidió ir ahorrando de su préstamo estudiantil para hacer uso del sol africano y llevar luz por la noche a los hogares gracias a una lámpara simple, realizada en un 50% de materiales reciclables, — y de chatarra—. Así nació la MwangaBora en 2004 que en suajili significa “luz buena”, y que funciona con energía solar.
La ingeniería se ha mezclado con la creación de moda y el arte, el del neoyorquino Reed Krakoff, en una instalación de decenas de estos faroles en la feria PAD de arte y diseño en Londres, que se clausura hoy. Allí cada pieza se vende a 250 euros a beneficio de la ONG Sustainable Development for All Kenya (desarrollo sostenible para toda Kenia, SDFA-Kenya) y el proyecto Just one lamp; su coste fuera del evento es de 25 dólares (unos 18 euros) y cambia las vidas de personas que no tienen acceso a la luz eléctrica.
En Kenia solo el 18% de la población tiene acceso a la electricidad. Cuanto más estudie un chaval con una lámpara de queroseno, mayor será el riesgo para su salud
“Muchos de mis amigos abandonaron la escuela porque no podían hacer los deberes y eran castigados. Los profesores no lo entendían…”, cuenta Wadongo, que fue nombrado uno de los Héroes de la cadena estadounidense CNN en 2010 por su iniciativa, ante las hileras de estas lámparas que han sido ataviadas con telas de vivos colores para su visita a Londres. El continente vive en la oscuridad en un 90%, explica, y este es un problema especialmente grave en los países subsaharianos; en Kenia solo el 18% de la población tiene acceso a la electricidad, según datos del Banco Mundial.
Pero los niños en el mundo rural deben atender al ganado durante el día y van al colegio por la noche, o estudian ya cuando ha anochecido, después de cumplir con otras obligaciones que contribuyen al sustento de sus hogares. Tener luz que dé vida a los apuntes es un lujo para ellos. “Aunque haya una red cerca, la conexión es muy cara. Cuesta 500 euros para personas [más de 30 millones en Kenia] que deben mantener a sus familias con uno o dos dólares al día”, afirma Wadongo. Comprar el peligroso queroseno para disponer de él a diario, prosigue, les hace gastar alrededor del 70% de ese salario.
“Algo importante es que el diseño fuera simple, de manera que no se necesita mucha pericia técnica para construir la lámpara”. Y que la gente se pudiese identificar con un modelo hecho a semejanza del farol de queroseno ha sido otra de las premisas de la creación. La MwangaBora posee un panel solar, una bombilla LED y una batería que sirve para 3.000 cargas.
La exposición al sol debe hacerse durante unas cuatro horas y dura seis. Ni que decir tiene que la intensidad de la luz que ofrece es 200 veces más brillante que la débil llama del queroseno, según sus impulsores. También de acuerdo con los datos que aportan, el ahorro es de 20.2 millones de libras en CO2 (casi 24 millones de euros), cantidad que se ha calculado tras la distribución de 30.000 lámparas hasta ahora.
Conseguir 25 dólares para comprar una lámpara era una barrera para muchas familias kenianas, por lo que el siguiente paso que dio Wadongo fue pensar más allá de la luz en un modelo de ingresos que la hiciera posible y aumentara su impacto. Ahora hay talleres para formar a los jóvenes en la técnica muy artesanal de confeccionar las lámparas. El keniano ha lanzado un programa para que los grupos de mujeres que ya están formados en las aldeas adquieran "habilidades básicas" para iniciar negocios. A cada una de ellas se le entrega la primera lámpara MwangaBora.
¿Y el arte? Evans Wadongo lo ve ligado a la manufactura de su invento. “Cuando la diseñé pensé en que hiciera el bien, pero también fuera un objeto que la gente desea tener”, asegura. Mientras, espera que otras 20.000 “luces buenas” se prendan en 2014 para que un niño como el que él fue pueda llegar a la universidad sin perder sus ojos o sus pulmones.